Mano con brújula400

IKIGAI La Razón de Ser

Retar el significado de la vida 

es la más alta expresión de verdad 

a la que aspira un ser humano 

Viktor Frankl 

Una de las preguntas más profundas que nos podemos hacer es ¿para qué estoy vivo?, ¿cuál es el sentido de estar aquí? Recuerdo, cómplice de camino, en mis épocas de adolescente, pasar horas intentando responder a estas preguntas. Después, el torbellino de la vida me envolvió y comencé a vivir aceleradamente, con menos cuestionamientos y con una enorme ambición de logro, una obsesiva necesidad de hacer sin parar.

Más adelante en mi vida, cuando comencé a enfrentar una serie de crisis y situaciones que salían de mi control, las preguntas regresaron como si en realidad nunca se hubieran ido. De hecho, me estaban esperando, y desde entonces, son fieles compañeras de viaje.

A lo largo de estos años he buscado modelos que le den sentido a mi vida cuando ésta se torna difícil, y me he encontrado con cosas maravillosas: desde la semiología de la vida cotidiana del Alfonso Ruiz Soto, los contratos sagrados de Caroline Myss, la psicología transpersonal de Ken Wilber, la logoterapia de Viktor Frankl, el enfoque humanista de Carl Rogers hasta los enfoques budistas y chamánicos.

Con el paso del tiempo me topé con algo que hoy me cautiva, pues me da un mapa rico en significado sobre el sentido de la vida. Al profundizar en él, decidí que era necesario agregarle una brújula para orientarme cada vez que me pierdo o dudo en este caminar, lo cual, debo admitir, se da con cierta frecuencia.

Se trata de lo que los japoneses llaman IKIGAI, que traducido al castellano significa más o menos “La Razón de Ser”. El modelo IKIGAI se da a conocer cuando Daniel Buettner, un investigador de la National Geographic, realiza una serie de estudios sobre los lugares donde las personas tienen las mayores esperanzas de vida (las llamadas zonas azules). En su estudio Daniel reporta que uno de los factores centrales para una vida longeva es que las personas tienen una razón por la cual levantarse todos los días, y que -mediante ella- contribuyen activamente en el tejido social, incluso a edades muy avanzadas.

El tema es llevado más a fondo por dos investigadores, Héctor García y Francesc Miralles, quienes viajan a Okinawa Japón para ir a fondo en la filosofía IKIGAI. Ellos reportan -entre muchos otros descubrimientos- que es la devoción absoluta y consciente a una tarea, oficio o profesión, que los japoneses tienen, lo que hace que la misma tome una cualidad cuasi sagrada. El resultado son productos y servicios de una perfección poco usual, los cuales son muy apreciados por los japoneses y los pagan muy bien, pues reconocen el tiempo, la dedicación y la devoción que hay detrás de cada uno de ellos.

Simplificando lo anterior, podemos decir que el IKIGAI es seguir haciendo lo que amas con un impacto positivo en la sociedad en la que estás inmerso, mientras tu salud te lo permita. La representación gráfica del IKIGAI es la siguiente:

Las 4 esferas principales que lo constituyen se correlacionan muy bien, desde mi punto de vista, con un elemento de la naturaleza:

  • Lo que amas con el FUEGO, ya que éste representa inspiración, adrenalina, expansión, transformación, literalmente “arder”.
  • Aquello en lo que pueden pagarte con la TIERRA, ya que este elemento representa seguridad, abundancia, estabilidad, acumulación, dinero, estatus, etc.
  • Aquello en lo que eres bueno con el AIRE, ya que este elemento representa la capacidad de conectar, comunicar, profesar, invocar, decretar, etc.
  • Lo que el mundo necesita con el AGUA, ya que este elemento profundiza, va a las capas interiores, se asocia con el inconsciente, el amor, etc.

Para poder trazar tu IKIGAI requieres tiempo para contactar contigo, para recapitular en tu experiencia, para ser sincero en aquello que quiere ser vivido por ti desde las capas más profundas de tu ser, y no desde la falsa personalidad que hemos creado para sobrevivir.

A nivel de arquetipos, las 4 esferas se relacionan con las luces de 4 arquetipos, las cuáles nos permiten evocar sus contenidos:

El Fuego con el Hedonista, el arquetipo que -desde sus luces- se orienta de manera natural al placer y la expansión de nuestro ser. Hay que cuestionarse: ¿qué me genera placer, gozo y expansión en mi vida?, ¿haciendo qué cosa se detiene el tiempo?, ¿qué añoro vivir?, ¿qué o quién me causa una gran admiración? y, ¿con qué actividades me cargo de energía?

La Tierra con el Midas, el arquetipo que -desde sus luces- sabe dónde invertir y cómo capitalizar, ahorrar, dar seguridad y “multiplicar los panes y peces”. Hay que cuestionarse: ¿qué es aquello que cuando lo hago genero ingresos?, ¿en qué actividades logro reconocimiento?, ¿dónde me es fácil hacer una carrera? y, ¿haciendo qué, soy altamente productivo?

El Aire con el Mago, el arquetipo que -desde sus luces- usa todo su potencial, su creatividad e incluso saca recursos de donde nadie se lo espera y, al usar sus habilidades parece que hace magia. Hay que cuestionarse: ¿cuáles son mis talentos naturales?, ¿en qué cosas, en una escala del 1 al 10, siendo 1 muy poco talentoso y 10 extraordinario y dotado, soy un 8, 9 o 10?, ¿qué es aquello que hago aun cuando no me lo piden y me sale bien? Recuerda que no hay talento pequeño.

 

El Agua con el Sirviente, el arquetipo que -desde sus luces- busca ser de ayuda, utilidad y apoyo a los demás. Hay que cuestionarse: ¿en qué me gustaría hacer la diferencia?; si me muriera hoy ¿cómo quisiera ser recordado?, ¿cuál es el legado que quiero dejar a los demás? y, ¿en qué me encantaría poner mi granito de arena en el mundo? Recuerda que no todos tenemos que trabajar en empresas enormes, el prestar oídos y contención a una persona cuando lo necesita es un servicio trascendente, tan importante como encontrar la fórmula para eliminar el plástico. Uno nunca sabe hasta dónde trascienden nuestros actos de servicio.

Las intersecciones entre las esferas que el modelo nombra como: Pasión, Profesión, Vocación y Misión, requieren de combinar los elementos de cada una de las dos esferas en cuestión. Así, la pasión se refiere a cómo ponemos nuestros talentos a hacer las cosas que amamos; la profesión a cómo ponemos nuestros talentos a producir y darnos seguridad y abundancia; la vocación a cómo hacemos que nuestra productividad haga la diferencia en el mundo; y la misión, a que aquello que amamos lo orientamos hacia un profundo significado.

Muchas veces requerimos de personas con quien podamos explorar todo tipo de ideas/propuestas para poder generar un IKIGAI generoso, lleno de posibilidades. Somos mucho más recursivos de lo que nos reconocemos, solo que a veces, nos es difícil hacer ese reconocimiento solos.

Te invito a hacer tu IKIGAI con más personas y ver qué resulta. Si, además, quieres hacer un network de personas con quien potencialmente colaborar en hacerlo realidad y aprender más de las personas que viven en las zonas azules, entonces el Taller Sentido de Vida y Trascendencia es para ti. Lo estaremos volviendo a dar próximamente.

Abrazo como siempre, desde el fondo del estanque de Narciso.

 

Héctor Cerbón

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EL CAMINO DEL HÉROE Respondiendo al Llamado

Debemos estar dispuestos a librarnos de la vida que planeamos,
de modo de tener la vida que nos está esperando.
Hay que librarse de la vieja piel para que pueda salir la nueva.

Joseph Campbell

La palabra Vocación proviene del latín vocatio, que se derivó, a su vez, del verbo vocare ‘llamar’, de la cual provienen también voz, evocar, invocar, provocar y vocabulario (https://verbiclara.wordpress.com/2015/01/30/origen-de-la-palabra-vocacion/).

La vocación es un llamado, para algunos inclusive de Dios, para otros del destino o de la vida. Jesús afirmaba, según San Mateo, que “muchos son los llamados y pocos los elegidos”. Yo, en lo personal, creo que todos somos llamados y pocos los que respondemos.

Responder al llamado implica salir de la zona de confort, de lo conocido y, arriesgarse a perder el control; a librar batallas que en más de una ocasión será necesario perder para aprender y, finalmente, a ser transformado en algo que no necesariamente era lo que esperábamos.

Joseph Campbell en su libro El héroe de las mil caras, nos describe las etapas por las que pasaremos si hemos de responder al llamado de nuestra vocación y lo denomina “El Camino del Héroe”.

Mi manera personal de encontrar ese camino, de escuchar el llamado de la Vocación o de seguir la música de la trompeta del arcángel Gabriel, o como sea que tú le llames, es a través de brindarles a mis arquetipos una arquitectura de vida donde mejor puedan manifestarse.

Cada arquetipo que nos caracteriza quiere expresarse y hacer la mejor aportación posible de su potencial, en el mundo en el que se desenvuelve.

El guerrero necesita batallas donde pelear y salir victorioso; el rey y la reina necesitan reinos que cuidar, dirigir y crecer; el mago requiere recombinar elementos y crear de forma sorprendente nuevas maneras de hacer las cosas y; el justiciero, necesita causas perdidas y víctimas del sistema para luchar por sus derechos.

Los arquetipos que nos caracterizan buscan constantemente tomar el escenario de nuestras vidas para expresarse, para sacar energía y, en su punto más elevado, para trascender por sus acciones.

¿Tienen entonces los arquetipos la información sobre nuestro llamado vocacional?

La respuesta a esta pregunta es: sí y, responder al llamado vocacional, te genera una enorme pasión, compromiso, orgullo, y realización personal.

De hecho, todos queremos ser héroes de nuestra propia película de vida. Puedes ser:

  • El héroe que salva a la princesa. – tal vez rescatando un talento tuyo que está “secuestrado” por una serie de creencias e introyectos que te llevan a pensar que no eres competente.
  • El héroe que erradica el mal. – logrando salir de una relación tóxica de dependencia emocional para llegar a ser emocionalmente autónomo y tener una relación sana y funcional.
  • El héroe que contrarresta el conjuro. – rompiendo con el destino fatal que generaciones familiares han aceptado como el único posible.

El héroe, es en sí un arquetipo altamente energético y motivacional que se encuentra en nuestra psique colectiva; es decir, en todos y cada uno de nosotros y, es alimentado desde edades muy tempranas por nuestro entorno. ¿Puedes nombrar quién era tu superhéroe favorito y qué superpoderes tenía?

Todos jugamos alguna vez a ser superhéroes, ya que eso nos permitía quitarnos cualquier limitación que el entorno nos imponía. A través de esa fantasía lográbamos cosas que de otra forma nos parecían imposibles. Es justamente ese empoderamiento que sentimos al ser el héroe el que es altamente motivacional, nos llena de sentido y nos da la resiliencia para alcanzar nuestras metas.

Nuestro rol consiste en ayudar a cada uno de nuestros arquetipos a recorrer su propio camino del héroe, logrando con ello, que desplieguen el enorme potencial que guardan para manifestarlos conscientemente en nuestras vidas.

Las Etapas por las que tenemos que pasar para ello son:

El Llamado. – nos hacemos conscientes y respondemos a esa invitación constante que nos hace la vida a ser y manifestar algo más de lo que ahora somos. Este llamado viene encriptado en los anhelos y sueños que recurrentemente se activan, nos inquietan y nos piden que los realicemos. ¿Qué es aquello que siempre deseas y constantemente postergas? ¿Sabes cuáles de tus arquetipos quieren manifestarse en el mundo?

El Mentor. – la segunda etapa la encuentran solo quienes, al responder al llamado de la Vocación, salen de la zona de confort y se aventuran lejos de lo conocido. Este es el punto donde, como lo menciona Paulo Cohello en su libro “El Alquimista”, el Universo conspira con nosotros para que sigamos el camino y logremos el sueño. El Mentor puede ser una persona, un libro, un curso, un experto, etc. Cuando nos atrevemos a buscar la forma para que nuestros arquetipos se manifiesten, alguien o algo llegará a nuestra vida para apoyarnos durante el camino. Su rol será el advertirnos de las peripecias que vamos a pasar, los retos que tenemos que vencer y las habilidades necesarias que debemos de desarrollar si queremos ser exitosos.

El Dragón. – como principiantes y aprendices de héroes, salimos corriendo a la batalla, confiados que hemos de derrotar a cualquier oponente que nos salga al paso. Sin embargo, el Dragón -que es una representación del principio de realidad- no está dispuesto a ceder el tesoro que anhelan nuestros arquetipos y nos dará cuanta lección necesitemos,para desinflar nuestro ego.

El Ermitaño. – todo camino tiene sus altas y sus bajas. Después de que el Dragón nos derrota repetidamente, nos retiramos de la batalla y buscaremos sanar las heridas en soledad. Es probable que incluso pensemos que el camino que elegimos ni siquiera era el nuestro. El aislamiento y la distancia crítica de nuestro proyecto de vocación nos permiten reconocer que antes de emprender la siguiente batalla con el Dragón debemos de aprender muchas cosas.

El Estudiante. – salimos de nuestro aislamiento en busca del Mentor, esta vez con la humidad y la disposición de aprender y desarrollar las habilidades que necesitamos para vencer al Dragón. ¡NO más ansias de novillero! Nos arremangamos y hacemos el trabajo duro, entrenamos y nos preparamos para regresar al campo de batalla.

La Batalla. – maduros, preparados y listos, nos enfrentamos una y otra vez con el Dragón de la Realidad hasta que logramos arrancarle el tesoro anhelado. Ahora SÍ, es momento de ocupar el lugar en el mundo que muy dentro de nosotros sabíamos que era nuestro. ¡Mis arquetipos ahora pueden manifestarse!

La Victoria. – nuestros arquetipos levantan los brazos con el trofeo que le arrebataron al Dragón de la realidad en señal de victoria. Pasada la euforia del triunfo, es momento ahora de asumir nuestro nuevo rol en la vida, el cual nos lleva también a asumir nuevas responsabilidades. Nuestras rutinas cambian y, el fuego que nos llevó a la conquista, poco a poco se va apagando conforme hacemos “hogar” en este anhelado lugar.

El Sirviente. – ahora es momento de enseñar a otros que vienen detrás a recorrer este camino. Nos convertimos en Mentores brindándoles a los demás la oportunidad de triunfar en su propio Camino del Héroe.

La siguiente ilustración nos sirve de ejemplo de la secuencia recién descrita:

Claro está que una vez que llegamos a la última etapa (la 8), ésta se vuelve la zona de confort, y más temprano que tarde, surgirá un nuevo llamado.

¿Tienes claro lo que tus arquetipos quieren manifestar? ¿Conoces tu Vocación?

Los siguientes recursos pueden serte de ayuda para encontrar tu Vocación y recorrer tu camino del héroe:

Libro ISEO “Inteligencia Simbólica y Efectividad Organizacional” de Héctor Cerbón

Página web www.inteligenciasimbolica.com

Facebook @iseolibro.

Te invito a inscribirte en el taller “Sentido de Vida y Trascendencia” que daré en la Ciudad de México los días 23 y 24 de noviembre. Para mayores informes entra a www.desdeelfondo.net/sentido-de-vida-y-trascendencia/ o mándanos un whats app al 55 8210 9923 y con gusto te atenderemos.

Un abrazo

HECTOR CERBON

Post 6 suelto y aprendo a estar en lo que sigue 400

LIBERATE DE ATADURAS No más Dependencia Emocional

“Soy libre, soy libre 

Para juegos no tengo edad 

Amante prohibido 

Soy libre, soy libre 

Cambio jaula por libertad 

 Mi miedo te ha vencido.” 

Fragmento de la Canción “Soy Libre” (Yuri) 

Cómplice de camino ¿Qué hace que ciertas relaciones sean tan difíciles de soltar aun cuando sabemos que, al quedarnos en ellas, nos estamos haciendo daño? Buscamos excusas, creamos falsas esperanzas de cambio, incluso nos culpamos a nosotros mismos de lo que sucede y, pese a los costos que pagamos y la realidad que nos avasalla y nos confronta, elegimos quedarnos. ¿Es esto masoquismo en su máxima expresión?

La realidad es que hay un entramado complejo, un verdadero enredo en el inconsciente, que nos indica que hemos llegado con la persona correcta, esto, a pesar de que todo lo que se está experimentando nos dice lo contrario.

¿Por qué es tan fuerte esta creencia de haber “llegado a casa” con una persona, que incluso descalifica nuestra lógica y nuestras emociones?

La respuesta yace en la fantasía que construimos desde muy pequeños sobre la existencia de que, alguien “allá afuera”, es capaz de cubrir todas nuestras necesidades y que, al encontrarle, “viviremos felices por siempre”. Esta fantasía infantil es muy potente y guía constantemente nuestros pasos hacia esa búsqueda. Cuando en nuestro interior “algo” nos dice que finalmente encontramos lo que andábamos buscando, no estamos dispuestos a no obtener lo que esperamos, nos cueste lo que nos cueste.

Como especie, los seres humanos damos a luz a crías muy dependientes de sus padres para sobrevivir. Se requieren muchos años de crianza para que un ser humano se vuelva un adulto autónomo. Y esto incluye no solo que pueda cubrir sus necesidades biológicas para sobrevivir sino también sus necesidades emocionales y sociales.

No importa cuánto tiempo y atención recibamos de nuestros padres, como seres humanos que son, ellos podrán atender y cubrir solo ciertas necesidades y otras simplemente no. Este principio de realidad es muy fuerte de confrontar, y choca drásticamente con la temprana idealización que hacemos de papá y mamá.

Freud decía que el infante es polimorfo y perverso, es decir, que tiene la capacidad de manipular de muchas formas para lograr que sus necesidades sean satisfechas y; sin embargo, hay cosas que simplemente no podrá lograr obtener de sus progenitores por el sencillo hecho de que éstos no las tienen. Entonces: tenemos por un lado las necesidades emocionales que requerimos satisfacer cuando niños por medio de mamá y papá y que buscamos hacerlo mediante nuestra constante e ingeniosa manipulación; y, por otro lado, la confrontación con el principio de realidad sobre las limitantes que tienen papá y mamá para proveernos de regreso.

Si nos detenemos un momento y nos hacemos las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es eso que siempre necesité de mis padres y que no tenían para darme (reconocimiento, contacto físico, presencia, seguridad, fuerza, etc.)?
  • ¿Qué mecanismos de manipulación usé para intentar conseguir esos satisfactores (chantaje, berrinches, aislamiento, hacer travesuras, mentir, actuar, etc.)?

Al contestar estas preguntas podrás ver lo importante que es esta dinámica aprendida en edades tempranas, donde yo veo la forma de manipularte para que me des lo que necesito, y tú no me lo das porque no lo tienes o no te es natural. ¿Te suena conocido?

Esta dinámica es un punto central en las relaciones que formamos, sobre todo en aquellas donde solemos depender emocionalmente del otro. Claro está, que difícilmente lo vemos así, y en su lugar sentimos que “lo hemos dado todo a cambio de nada”, que “somos víctimas de un amor no correspondido” y que, “afuera de esta relación, seguro nos está esperando alguien que sí nos va a dar todo eso y más”.

La paradoja es que entre más manipulemos, chantajeemos, supliquemos y nos victimicemos, recibiremos más agresión, rechazo y negación por parte del otro. Este círculo vicioso es lo que llamamos una relación tóxica. Y más que personas tóxicas, nos volvemos tóxicos al relacionarnos de esta manera con los demás.

Desde mi punto de vista nos quedamos en relaciones de dependencia emocional por dos razones centrales:

  • No nos creemos capaces de encontrar otra relación. Pensamos que es ésta la única oportunidad que tenemos en la vida, por ende, es nuestro deber quedarnos para hacerla funcionar a como dé lugar.
  • Seguimos pensando que el otro va a cambiar y que, con el tiempo, se va a transformar en esa persona que va a cubrir las necesidades que tanta falta nos han hecho desde niños. Que solo es cuestión de darle: otra oportunidad, de tenerle más paciencia, de tolerarle todo, de saber ayudarle, etc.

La mayoría de las veces, no queremos enfrentarnos con la realidad de tener que aprender a darnos a nosotros mismos eso que tanta falta nos hace para dejar de estarlo buscando en una relación. Lo anterior implica, que para que una relación sea funcional tengo que trabajar en darme aquello que precisamente me puede dar autonomía emocional.

Cuando dos seres emocionalmente autónomos eligen relacionarse en pareja lo hacen desde la interdependencia, no desde la dependencia. Esto implica que puedo estar muy bien contigo y también sin ti. No necesito que seas o actúes de cierta forma para estar bien, mi bienestar está en función de mí y no de ti. Elijo conscientemente estar contigo sabiéndome 100% responsable de mí.

Muchas otras dependencias no son más que otras formas de llenar esas necesidades no satisfechas durante nuestros primeros años. Por ejemplo, hay quien come todo el tiempo para sentir el cariño y la nutrición que le hizo falta; de hecho, muchos trastornos de la alimentación están relacionados con relaciones poco sanas con mamá (simbólicamente mamá es a quien asociamos con la proveeduría de alimento); hay quien tiene relaciones sexuales sin parar para sentir la cercanía, el contacto y la intimidad que no vivió (es curioso ver cómo en la ninfomanía no se busca la satisfacción sexual, sino la necesidad de atraer y tener contacto). Podemos citar muchas formas de dependencia y ver cómo todas ellas buscan mitigar el dolor de no poder llenar un vacío, de no tener una mejor opción para satisfacer una necesidad que se encuentra crónicamente insatisfecha.

Las dependencias o adicciones no desaparecen, se trabaja en traerlas a la consciencia y en crear formas más “sanas” de llenar los vacíos y de satisfacer las necesidades insatisfechas que subyacen debajo de los patrones de comportamiento. A estos mecanismos alternativos de llenar el vacío les llamamos sublimación.

Cada dependencia o adicción tiene su propia historia detrás y no hay un remedio (sublimación) que funcione para todos. Es un trabajo personal de descubrimiento que cada uno elige realizar. Por ejemplo, recuerdo a una persona que estaba luchando con su adicción a sustancias alucinógenas que descubrió que las visualizaciones guiadas y las respiraciones holotrópicas le proporcionaban la misma sensación de desconexión, apertura de consciencia y paz que los alucinógenos, por lo que aprendió a sustituirlos poco a poco. Otra persona que obsesivamente buscaba en sus relaciones ser el centro de atención descubrió en la actuación el escenario, donde de forma natural todos los reflectores los tenía finalmente para él.

Todos tenemos patrones adictivos o dependemos en mayor o menor medida de algo. Personalmente considero fundamental el tener conscientes nuestros patrones adictivos y buscarles mecanismos de sublimación. Por ejemplo, para enfocar mi obsesión-compulsión y restarle poder en mi día a día, ilumino mandalas con música de meditación y respirando constantemente. Al final, no solo acabo más relajado y en paz, sino que pude crear algo muy bello.

¿Qué mecanismos de sublimación se te ocurren para ti y tus propios patrones adictivos, cómplice de camino? ¿Quieres emprender el camino hacia la autonomía emocional?

Si queremos realmente tener más voluntad sobre nosotros que la que tienen nuestras dependencias o adicciones vamos a necesitar ayuda; va a ser importante adherirnos a algún proceso terapéutico formal y contar con una red de apoyo que esté ahí para nosotros. Sobre todo, para enfrentar esos momentos, cuando al elegir no darnos el satisfactor conocido y sublimar, nos entre una ansiedad enorme por tenerlo de regreso (síndrome de supresión).

Si esto te hizo sentido, te invito a que asistas a nuestro próximo taller “Relaciones Sanas y Funcionales” en la Ciudad de México el próximo 9 y 10 de noviembre donde profundizaremos en cómo salir de las dependencias emocionales.

Para mayores informes e inscripciones da clic en:

https://www.desdeelfondo.net/relaciones-Sanas-y-Funcionales/

Un abrazo como siempre, Desde el Fondo del Estanque de Narciso.

Héctor Cerbón

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AUTOSABOTAJE EN LAS RELACIONES ¿Quiero realmente una relación?

“Ahora que él no puede tenerla, piensa que no puede vivir sin ella. 

Algunas personas son graciosas.” 

Película: Alfie ¿De qué se trata?  

Cómplice de camino ¿Cuántas personas se encuentran buscando a la pareja ideal? Muchísimas, y sabes algo, la locura de esta búsqueda radica en que, al idealizar tanto esa potencial relación, la vuelven imposible, inalcanzable. El excesivo anhelo romántico les juega en contra, lo cual más que contradictorio, es en realidad, paradójico.

Una de las formas seguras de no lograr una relación, es hacerla irreal, elevar tanto las expectativas que tenemos, que la probabilidad de cumplirlas sea prácticamente cero. Con ello estamos muy bien justificados para entrar en un ciclo de búsqueda, ilusión y desilusión continua, el cual nos permite habitar en la incómoda seguridad de nuestro aislamiento.

Nos quejamos de lo desafortunado de nuestras búsquedas, sin darnos cuenta de que somos los responsables de perseguir quimeras y fuegos artificiales que creamos alrededor de personas, y que, cuando se disipan, al igual que “Penélope” en la canción de Serrat, no son quienes esperamos.

Otra de las formas que usamos inconscientemente para no estar en una relación estable, es buscar relacionarnos con alguien que no tiene justamente lo que necesitamos en una relación. ¿Por qué insistimos en estar con quien no quiere estar con nosotros? o ¿Insistimos en recibir reconocimiento de una persona que solo se ve a sí misma? o ¿Demandamos contacto físico de personas distantes y secas?

Insistimos, demandamos, manipulamos y usamos cualquier otra estrategia para lograr “cambiar” al otro, buscando se convierta en lo que necesitamos o esperamos que sea. En las relaciones, si quieres ver el final, tan solo ve el principio. No vas a hacer limonada si no cuentas con los ingredientes necesarios: limones, agua y azúcar; y si no los tienes de inicio, tampoco los tendrás después.

También hay quien siempre está muy ocupado como para tener una relación o incluso para arreglarse o para salir. Claro, primero hay que trabajar, después hay que hacerse cargo de alguna afición, la maestría, el perro, etc. El estar muy poco disponible y no poner el tiempo y los cuidados necesarios para que una relación madure y se fortalezca, seguro nos evitará el cambio y compromiso que adquiríamos con una.

En realidad, somos muy ingeniosos para encontrar formas de relación o evasión que nos permiten no establecer la relación adecuada, pero ¿por qué hacemos eso? !Suena a locura pura!

Si, suena completamente ilógico que, si tenemos un anhelo tan grande de una relación estable, seamos nosotros mismos, quienes inconscientemente mermamos la posibilidad de establecernos en pareja.

El responsable de esta aparente “locura” es uno de los arquetipos más difíciles de identificar y de aprender a hacernos cargo de él: es el Saboteador. La misión de este arquetipo, que todos tenemos en nuestro inconsciente, es mantener el statu quo; es decir, impedir que algún cambio pueda desestructurar las bases de creencias y rutinas que hemos aprendido y que, de alguna manera, sentimos que “controlamos”.

Cada vez que un cambio significativo se vuelve inminente en tu vida, como el de comprometerte a nutrir una relación estable, si éste amenaza con tirar cimientos con los que creciste, incluso aquellas creencias disfuncionales y hoy “obsoletas” de cómo opera una relación, el Saboteador gustosamente entrará en acción buscando impedírtelo y te reorientará a lo “conocido”.

Para saber cuáles son los contenidos y las bases bajo las cuales opera nuestro programa de autosabotaje en las relaciones, es necesario explorar en nuestra historia de vida, identificando lo que nos compramos sobre lo que es una relación, su dinámica y funcionamiento y sus valores, así como traer a nuestro escenario de consciencia las experiencias que hemos acumulado alrededor de estos temas.

Si en este momento tu Saboteador te dice que el artículo está muy largo y que se ve aburrido, no lo escuches y sigue leyendo, sólo está respondiendo ante la amenaza de ser descubierto y transformado.

Te invito a que evoques recuerdos de relaciones importantes, tanto tuyas como de personas cercanas y significativas a tu alrededor, y que te hagas las siguientes preguntas de reflexión y anotes tus respuestas:

  • ¿Cómo lograban obtener lo que necesitaban el uno del otro?
  • ¿Cuál era la queja recurrente que se hacían el uno al otro?
  • ¿En qué cosas dependían por completo el uno del otro?

Al contestarte estas preguntas notaste que:

  • Existía una gran dependencia entre las personas.
  • Se relacionaban con altos niveles de manipulación y/o chantaje.
  • Vivían con una crónica insatisfacción por no obtener lo que esperaban.

Con esta calidad de material dentro de ti, ¿qué clase de instrucciones tiene el programa que rige el tipo de relaciones que buscas? Ahora imagina que este programa tiene por guardián al Saboteador, y que cuando tratas de alejarte de las instrucciones que tiene grabadas hace lo impensable para reorientarte a lo que conoces, aun cuando esto implique que no obtengas lo que conscientemente quieres.

El Saboteador es el mecanismo infantil que inconscientemente busca la repetición de lo conocido, si no es redirigido conscientemente, nos puede hacer regresar continuamente a lugares donde incluso hay dolor e insatisfacción. Nuestro saboteador no es del todo malo, y cuando aparece, nos señala que nuestros miedos a lo nuevo han crecido a tal grado, que estamos convencidos de que cualquier acción en una dirección diferente a la conocida nos llevará a un lugar de muerte. A esto le llamamos la fantasía catastrófica.

¿Cómo hacerle frente a nuestro autosabotaje en las relaciones?

En mi libro ISEO “Inteligencia Simbólica y Efectividad Organizacional” al arquetipo del Saboteador junto con otros 3 más (Víctima, Prostituta y Niño Herido) los llamo (al igual que Caroline Myss en su libro “El Contrato Sagrado) Arquetipos de Supervivencia. Estos arquetipos representan comportamientos extremos que activamos inconscientemente cuando enfrentamos algo que percibimos como una amenaza. Así que lo primero que necesitamos reconocer es que una relación estable, aunque nos sea deseable nos puede dar pavor, y por ende necesitamos explorar este miedo.

Admitir nuestro miedo y poder expresarlo sin freno, de inmediato nos hará darnos cuenta de que éste ha crecido en nuestro interior a proporciones fuera de realidad. El solo haber traído esta fantasía catastrófica a la consciencia ya nos estará ayudando a darle una dimensión más realista. La primera pregunta que nos debemos hacer después de expresar la fantasía catastrófica es:

¿Qué de todo esto que tengo miedo de que suceda, es realmente factible?

Aterrizar nuestro miedo en un marco de realidad nos permite lidiar con él de una forma más racional vs dejar que nuestro saboteador nos lleve a evadirlo y nos reoriente a lo conocido.

Es muy común también el pensar que vamos a repetir la historia de alguien más, sobre todo la de mamá y papá o incluso, la nuestra de nueva cuenta. Es importante reconocer que hoy somos personas con más recursos, habilidades y madurez que quienes fuimos tiempo atrás; y que, además, el hecho de que nuestros padres no lograran relacionarse sanamente, no significa que nosotros estamos destinados a repetir su historia.

Puede que trabajar en todo esto requiera de contar con alguna ayuda externa como la de un coach o un terapeuta; alguien que pueda ayudarte a tomar la distancia crítica de tu historia, te ayude a identificar tus creencias negativas sobre una relación y la forma tan ingeniosa y sutil como te autosaboteas.

Yo suelo llamar al Saboteador la “trucha enjabonada”, pues los mecanismos que usa para lograr evitar un cambio y reorientar a lo conocido son sutiles, ingeniosos, escurridizos y muchas veces están muy bien sustentados con argumentos tan sólidos que me autoconvenzo de que estoy haciendo “lo correcto”.

Por último, me gustaría invitarte a hacer una lista de las situaciones a las que te enfrentarías si formaras una relación estable y que reconozcas qué emociones se despiertan con cada una de ellas.

Por darte algunos ejemplos, enfrentarse a:

  • Compartir el tiempo y abrir espacio en la agenda, y a veces incluso en la casa, para incluir a alguien más.
  • Estar continuamente balanceando mis necesidades personales con las de otra persona.
  • Habilidades para tocar temas sensibles como sexualidad, higiene, hábitos, familia, religión, dinero, valores, etc.
  • Usar la creatividad para mantener la chispa de la relación viva y no dejar que se haga presa de la rutina.
  • Convivir con círculos nuevos de amigos y la familia extendida de alguien más.
  • Tener la inteligencia emocional para saber dirigir, expresar y gestionar las emociones que las diferentes situaciones del día a día traen consigo.
  • Permitirse la vulnerabilidad y la humildad para dar y/o recibir ayuda de alguien más.

Si eres honesto contigo verás que muchas de ellas te provocan miedo, enojo o incluso rechazo.  Está bien, nadie dijo que formar una relación estable fuera fácil. Ahora que sabes mucho más de ti, puedes hacerte de más habilidades y herramientas para relacionarte de forma sana y funcional. No permitas que el Saboteador guíe tus relaciones a lo “conocido” y disfuncional.

Muchos anhelan encontrar a su media naranja, la han soñado, descrito a detalle e incluso en sueños y en canciones le han acariciado, pero ¿podrían manejar una relación funcional y estable si la encontraran?

Si esto te hizo sentido, te invito a que asistas a nuestro próximo taller “Relaciones Sanas y Funcionales” en la Ciudad de México el próximo 9 y 10 de noviembre.

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Un abrazo como siempre Desde el Fondo del Estanque de Narciso

Héctor Cerbón

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CODEPENDENCIA Relaciones Tóxicas

Te odio con el odio de la ilusión marchita: 

¡Retírate! He bebido tu cáliz, y por eso 

mis labios ya no saben dónde poner tu beso; 

mi carne, atormentada de goces, muere ahíta 

Amado Nervo 

La codependencia es en realidad un estado emocional de alerta extrema; es decir, un estado de supervivencia donde, ante la amenaza de quedarte sin aquello que tú crees que solamente el otro puede proveerte, estás dispuesto a hacer y a tolerar lo que sea.

El estado de supervivencia en las relaciones

Qué complejo puede llegar a ser una relación interpersonal, cómplice de camino, llegando incluso a ser tóxica y destructiva. Todos alguna vez hemos sentido que al lado de “alguien” hemos sacado lo peor de nosotros, nuestras más oscuras sombras y que, además, en esa relación en particular, nos hicimos e hicimos mucho daño.

¿Qué es lo que nos lleva a mostrar estos “oscuros” comportamientos con alguien en particular? ¿Realmente hay personas que sacan lo peor de nosotros?

Para responder a estas preguntas es necesario darle contexto a eso que llamamos “nuestros peores comportamientos” y observarlos por lo que realmente son: defensas primitivas que se disparan sin filtro ante algo que nos amenaza. De ser así, ¿Cómo puede una persona con la que nos relacionamos activar en nosotros una reacción defensiva de semejante magnitud?

Es importante recordar que la mente tiene 3 roles centrales: mantenernos vivos, buscar que nos reproduzcamos y cuidar de nuestras crías. Todos ellos son temas relacionados con la supervivencia. Sé que suena muy reduccionista plantearlo así; sin embargo, la mayor parte de su energía, el cerebro la emplea en estos 3 temas básicos.

Los seres humanos nacemos bastante desprotegidos y, por ende, dependemos mucho del cuidado de nuestros padres para poder sobrevivir. Realmente tardamos un número significativo de años en ser autónomos e independientes.

Las experiencias que vivimos en nuestros primeros años y las características de las personas con quienes crecimos son la clave para entender el por qué podemos llegar a considerar ciertas actitudes, comportamientos o rasgos de carácter de alguien, amenazantes o no.

Es prudente enfatizar, que no importa cuánto intentemos cuidar a un niño para que éste se sienta seguro, amado o protegido, siempre habrá algo de lo que hacemos que su mente interpretará como una amenaza a su supervivencia.

Para poder activar rápidamente nuestras defensas, aquello que nuestra mente percibió como una amenaza en nuestros primeros años de vida se quedó grabado en nuestra memoria junto con una fuerte carga emocional. 

Reflexionemos:

  1. ¿Ante qué comportamientos, actitudes o rasgos de carácter de alguien se te activan tus defensas (“te pones malito de tus nervios”), cómplice de camino?
  2. ¿Qué aprendiste que se pone en riesgo cuando el otro se comporta de esta manera?
  3. ¿Cuál es la necesidad que sientes que el otro no está atendiendo?

Las relaciones entre estos podrían ser:

Comportamiento, actitud o rasgo de carácterNecesidad desatendida o en riesgo que identifico
Indiferencia que el otro muestra ante lo que yo considero importante.Equidad y participación.
Su nulo interés en mejorar la calidad de nuestra vida.Ambición y logro, cooperación.
Sus continuas explosiones de carácter.Seguridad física y emocional.
Su siempre tener la razón.Autonomía Intelectual, Genialidad.

¿Te das cuenta de que entre más se acentúa el comportamiento, actitud o rasgo de carácter del otro, más en riesgo te sientes? Y, por ende, más vas a desplegar tus defensas. Veamos cómo es que operan entonces nuestras defensas en las relaciones y qué podemos hacer al respecto.

Arquetipos de Supervivencia: Nuestra primera línea de defensa y cómo redirigirla.

Te invito a ir a través de los 4 comportamientos básicos (arquetipos de supervivencia) que todos activamos ante aquello que nos representa una amenaza basado en lo que aprendimos en nuestras experiencias infantiles. Para poder explicarlos mejor, pondré estos comportamientos de supervivencia en personajes y hablaré de ellos como si fueran minis-mes (como en la película de Austin Powers “Golden Eye”). Estos minis-mes están más que dispuestos a defendernos cuando “alguien” despliega comportamientos y actitudes similares a los que tenían quienes en su momento sentimos nos lastimaron.

Nuestro mini-me o arquetipo de la Víctima entra a defendernos cuando tocamos temas en relación con el poder y la autoridad. En el caso específico de nuestras relaciones interpersonales, es el poder y la autoridad que le conferimos al otro, ya que muchas veces inconscientemente le nombramos como el único capaz de proporcionarnos ese satisfactor que estuvo ausente en nuestra historia. Inconscientemente le decimos al otro:

  • solo tú puedes hacerme sentir seguro;
  • solo tú sabes que vale la pena que yo participe;
  • solo tú reconoces que merezco o;
  • solo tú puedes validar que soy inteligente, etc.

Este “enorme poder” que le conferimos al otro, hace que nos sintamos muy dependientes de él o ella y, por ende, le permitiremos hacer su voluntad por encima de la nuestra, ya que no nos atreveríamos a frenarle o enfrentarle por miedo a que retire el satisfactor que solo él o ella nos puede dar.

Asumimos este rol cuando sentimos que en una relación no nos queda más que conformarnos. Entonces, suele aparecer en nosotros un ser débil e incapaz de mostrar fuerza y determinación. Usar el mini-me o arquetipo de la Víctima nos permite posicionarnos en un papel frágil, donde constantemente cedemos nuestro poder para así evitar tomar decisiones y responsabilidad y a través del cual manipulamos, generando culpa para obtener lo que necesitamos.

La Víctima requiere empoderarse. Necesita darse cuenta de que sí hay cosas que puede hacer para lograr llenar la necesidad que ha decidido satisfacer solamente a través del otro. Necesita comprender que sí está en sus manos gran parte de la solución y que, en realidad, aunque sea muy doloroso admitirlo, inconscientemente está cooperando para que esta situación de abuso, donde no hay “nada” que pueda hacer, permanezca.

En los aspectos tóxicos de tu relación interpersonal pregúntate:

  1. ¿Qué acciones conscientes o inconscientes estás haciendo que favorecen a que siempre dependas de lo que el otro haga o elija ser, para tu estar bien?
  2. ¿Qué es lo que sí está en tus manos hacer para salir victorioso (sentirme bien) en el próximo encuentro? Esto independientemente de lo que el otro haga o deje de hacer
  3. ¿De qué manera le cedes tu poder a quien has elegido sea tu victimario?
  4. ¿Qué acciones le hacen ver al otro que lo necesitas a como dé lugar?

El mini-me o arquetipo del Saboteador entra en acción cuando sentimos miedo a introducir el cambio en nuestras vidas. Este arquetipo funciona como mecanismo de conservación, buscando mantener el statu quo, es decir mantener aquello que, independientemente de que nos sea funcional o no, nos es conocido y seguro.

El Saboteador remonta sus orígenes a nuestros deseos infantiles de que nada cambie en nuestras vidas. Cuando niños, fantaseábamos con poder mantener para siempre ese paraíso infantil donde todos los demás se hacían cargo de nuestras necesidades básicas.

En las relaciones interpersonales es muy doloroso reconocer cómo inconscientemente nos saboteamos las posibilidades de cambio, incluso cuando el cambio podría representar la solución a la mayor parte de los problemas que tenemos dentro de la relación. A nuestra mente le da miedo lo que desconoce y muchas veces va a preferir repetir patrones poco sanos vs aprender a relacionarse de formas que le son completamente nuevas.

Por ejemplo, el aprender a ponerme a la distancia necesaria del peligro para sentirme seguro; el buscar ambientes y círculos sociales donde participar activamente para sentirme incluido; el asociarme con un socio ambicioso con quien crecer la empresa y sentir ambición y logro; todo esto, implica darme lo que necesito en vez de pedirle al otro estas cosas. Claro está que, si lo hago, esto cambiaría de forma definitiva la relación que tenemos hoy y eso a la vez que lo deseo, me aterra. La paradoja que alimenta al mini-me o arquetipo del Saboteador es el enorme miedo que tenemos a obtener aquello que más anhelamos.

Cuando el arquetipo del Saboteador toma el control de nuestras relaciones interpersonales, tendemos a relacionarnos una y otra vez desde donde las cosas no funcionan. La razón de insistir en algo tan poco efectivo es que, si lo hacemos distinto, tendríamos que enfrentarnos con el hecho de que nuestra relación va a cambiar profundamente.

El Saboteador no ha caído en cuenta de que todo el ingenio que usa para hacer que él mismo o los demás fracasen (con la finalidad de evitar confrontar el cambio que le amenaza) lo puede usar para hacerle frente y salir más que librado. Somos seres con una infinidad de recursos; por desgracia, cuando nos congela el miedo, sentimos que no contamos con los medios o las habilidades necesarias.

En los aspectos tóxicos de tu relación interpersonal pregúntate:

  1. ¿Qué es lo peor que crees, que te podría suceder, si haces un cambio profundo en la dinámica y tú te haces cargo de tu necesidad y aprendes a proveerte el satisfactor que anhelas? Es necesario explorar la fantasía catastrófica, es decir, explorar el miedo irracional por las consecuencias que crees que obtendrás al hacerle frente al reto o a la situación de amenaza. Esto te permite darle una dimensión a tu miedo mucho más real para poder confrontarlo en lugar de evadirlo.
  2. ¿Qué habilidades y recursos vas a necesitar y dónde los podrías obtener?
  3. ¿Qué no has intentado hacer o qué es lo que otros ya han hecho ante una situación como la tuya?

El mini-me o arquetipo de la Prostituta se activa cuando sentimos que estamos en alguna situación, donde para sobrevivir, es necesario pasar por encima de algo que nos es muy valioso. Nos sentimos forzados a empeñar o usar como moneda de cambio nuestra palabra, nuestra opinión, nuestros valores, nuestra personalidad, nuestro tiempo y a veces, hasta nuestra dignidad.

En corto, el arquetipo de la Prostituta es el mecanismo de adaptación a través del cual aprendemos a sobrevivir, pasando de ser necesario, incluso por encima de nosotros. Este comportamiento de supervivencia se da mucho en las relaciones interpersonales tóxicas (de codependencia).

En mi experiencia, éste es uno de los arquetipos más difíciles de aceptar. No sé si por la connotación negativa que hacemos de la palabra prostituta o porque todos juramos que somos fieles a nosotros mismos y que defendemos a capa y espada aquello que valoramos. Sin embargo, basta con admitir el enojo que constantemente sentimos hacia el otro por lo que “nos hace hacer”, ligado a la profunda culpa de haberlo hecho, para tener clara evidencia de que más frecuentemente de lo que nos gusta aceptar, nos relacionarnos a través de este personaje.

El miedo a que el otro se vaya, cambie o nos deje de dar lo que necesitamos que creemos solo puede provenir de él/ella, nos hace estar dispuestos a hacer cosas que jamás estaríamos dispuestos a realizar en nuestro sano juicio. Basta con echar un vistazo hacia atrás y ser muy honestos para señalar qué es todo aquello que hicimos en nuestras relaciones de lo que nos arrepentimos; no nos sentimos orgullosos; nos enoja haber llegado a ese extremo o, incluso, nos quisiéramos olvidar de ello para siempre.

Si nos acostumbramos a usar el arquetipo de la Prostituta, nos es imposible siquiera imaginar que podamos salir avante en nuestras relaciones sin hacer concesiones difíciles y transgredirnos. Nos acostumbramos a pagar precios muy altos con tal de seguir en la relación. Lograr mantener nuestra dignidad, límites sanos y autenticidad en una relación interpersonal significativa, suena a algo relativamente fácil y sin embargo no lo es, sobre todo cuando esta unión se finca en el miedo

Hacer lo que es correcto y apegarnos a valores es una decisión ética difícil de sostener cuando estamos en una relación de codependencia e inconscientemente están activas nuestras defensas de supervivencia. Necesitamos aprender a amarnos a nosotros mismos más que a cualquier otra persona. Es necesario pasar de trasgresores a impecables. Tenemos que estar dispuestos a pagar los precios que ser congruentes implica. Hay que mantener todo el tiempo un sano egoísmo. Recuerda que no hay intercambio que valga la pena hacer cuando el precio que vamos a pagar tendrá graves consecuencias que dañarán fuertemente nuestra autoestima.

En los aspectos tóxicos de tu relación interpersonal pregúntate:

  1. ¿Cuáles son los valores que no estás dispuesto a darte el lujo de negociar con ellos y por qué?
  2. ¿Cuál es el precio que estás pagando hoy y vas a pagar en el futuro por transgredir estos valores?
  3. ¿Cómo sí podrías actuar en congruencia con tus valores? ¿Cuál sería el precio a pagar por vivir bajo esta congruencia?

El mini-me o arquetipo del Niño Herido va a entrar en acción cuando nos enfrentamos en nuestras relaciones interpersonales con situaciones en las que no tenemos herramientas para hacerles frente más que aquellas que usábamos cuando éramos pequeños. Vamos a responder de formas regresivas e infantiles tales como: haciendo berrinches, aislándonos por completo, haciendo desplantes, refugiándonos en la fantasía y, en general, de formas inmaduras.

¿Te suena esto familiar en alguna relación interpersonal? No se trata de juzgar nuestro nivel de madurez, sino de admitir que en algunas relaciones simplemente nos enganchamos frecuentemente en dinámicas infantiles. Esto es un indicador que de que la relación es muy similar a alguna de nuestra infancia que no logramos manejar satisfactoriamente, y henos aquí de nuevo frente a la misma, intentando manejarla con las mismas herramientas que fueron poco efectivas en su momento y, que lo vuelven a ser ahora.

Nuestro mini-me o arquetipo del Niño Herido, al igual que un toddler, quiere lograr que le den lo que necesita exaltando estas conductas infantiles. En el fondo, lo que queremos, es que alguien “afuera” se haga cargo de esas partes que por alguna razón no lograron madurar en nosotros. En las relaciones interpersonales, esto nos lleva a patrones donde en la diada alguien lleva casi todo el tiempo el rol de mamá o de papá, y alguien lleva casi todo el tiempo el rol de hijo o hija o, en casos todavía más difíciles de manejar, a una relación entre dos niños lastimados.

Necesitamos ayudarnos a crecer y madurar en aquellas áreas de nuestra personalidad donde nos quedamos pequeños. Tenemos que ser para nosotros ese padre/madre nutricios que esperamos sean los demás, o como he expuesto en ocasiones anteriores: ser para nosotros todo aquello que nuestros padres no pudieron ser.

El trabajo de sanar a nuestro Niño Herido logra despertar nuestros potenciales lúdicos, de expresión espontánea, de adaptación al cambio, de curiosidad por aprender, y logra centrarnos más en el aquí y en el ahora; recompensas que bien vale la pena ir por ellas si queremos formar relaciones más sanas.

En los aspectos tóxicos de tu relación interpersonal pregúntate:

  1. Esta situación por la que estás pasando, ¿a qué situación pasada se parece que inconscientemente pudieses estar trayendo al presente?
  2. ¿Qué creencias elaboraste de tí a partir de esta experiencia pasada?
  3. ¿Cómo puedes ayudarle, a esa parte lastimada de tí, a crecer y cerrar ese ciclo?

Pronto estaremos dando un taller donde trabajaremos todos estos temas. Te mantendremos informado.

Un abrazo como siempre, desde el fondo del Estanque de Narciso.

Héctor Cerbón

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SIN LLENADERA Cuando nada es suficiente

La mitad de lo que tenemos es deseo, 

La otra mitad es insatisfacción 

Carlo Dossi 

Cómplice de camino, muchas personas se encuentran crónicamente insatisfechas, es decir, que no importa lo que tengan o con quién estén o dónde, siempre sienten que les falta algo.

Una cosa es tener lo que se llama “una sana insatisfacción” en la vida, la cual nos rete constantemente a aprender y explorar nuevas cosas y, con ello, expandir nuestra zona de confort, y otra muy distinta, es la condición neurótica de sentir que siempre falta algo más para estar bien, para sentirnos plenos y realizados.

Freud sostiene que el deseo nunca se satisface, sino que sólo se desplaza. Te invito a que hagamos juntos un breve recorrido por la historia; digamos  unas 4 generaciones, y pongamos a la luz cómo cada una de ellas vive este fenómeno de desplazamiento del deseo, que yo personalmente le llamo “no tener llenadera”:

Los Baby Boomers, la generación de la post guerra, nacidos entre 1945 y 1964, tuvieron que enfrentarse con una de las crisis económicas más severas a nivel mundial y por ende, muchos de sus valores radican en encontrar seguridad, trabajo y paz en sus vidas. Se denominan “Baby boomers” por el enorme crecimiento (boom) en la tasa de natalidad que se vivió en aquellas décadas. Se pretendía obtener la sensación de continuidad, familiaridad, rutina y estabilidad, al conseguir un empleo formal en una empresa sólida y formando un matrimonio/familia “modelo”.

Formar una “buena” familia, tener un “buen” trabajo y dar seguridad/proveeduría a los demás, eran los principales deseos de quienes formaron parte de esta generación de “Baby Boomers”. Estos deseos nunca se satisfacían, no importaba cuánto hubieran ahorrado, cuánto protegieran y proveyeran a sus descendientes, cuánto tiempo estuvieran en la misma compañía y cuánto renunciaran a anhelos individuales en pro de la familia; siempre quedaba esta sensación de que podrían haber hecho un poco más.

Las siguientes 3 generaciones: la X (1965 a 1980), la Y o Milenio (1981 a 1999) y la Z o Centennials (2000 a la fecha), son una historia aparte. Estas tres generaciones, en promedio, han experimentado una abundancia en sus vidas jamás antes vista por ninguna otra generación en la historia de la humanidad y esto, trae grandes ventajas y también grandes retos.

Desde el punto de vista de la escala de necesidades de la pirámide de Maslow (ver imagen a continuación), los integrantes de estas generaciones, al tener la mayoría de sus necesidades fisiológicas, de seguridad y sociales cubiertas de forma satisfactoria (hay múltiples excepciones a esto); desplazan el deseo, de manera natural, hacia la satisfacción de las necesidades de autoestima y autorrealización.

Fuente: Cognifit: Salud, Cerebro y Neurociencias]; https://blog.cognifit.com/es/piramide-de-maslow/

La generación X (1965-1980) es considerada de transición entre la era analógica y la era digital. Son quienes vieron nacer el internet, quienes formaron parte de la explosión del consumismo, presenciaron la caída del muro de Berlín y quienes fueron golpeados con más fuerza por la pandemia del SIDA. La libertad, el anhelo de llegar a ser alguien y la necesidad de brindar a sus hijos (Los Millenials) posibilidades de expansión, sin las limitaciones que ellos vivieron, han sido los deseos de esta generación.

Estos deseos impulsan a muchos de quienes forman parte de la generación X a ser muy competitivos, a estar continuamente luchando por alcanzar un alto estatus social y una posición de éxito y reconocimiento (lo cual hacen casi siempre dentro de una empresa). Es en esta generación donde muchos progenitores, en pro de educar con libertad, no tuvieron la capacidad de poner límites sanos al poder de sus hijos, acabando muchas veces tiranizados por éstos.

Vemos cómo para la generación X el deseo de ser “alguien” en la vida, de abrir opciones y ser unos “super papás” para sus hijos, nunca se satisface.

La generación Y o Millenials, nacidos entre 1981 y 1999 son llamados así por ser quienes vieron nacer el nuevo siglo XXI. Una generación que nació con el boom de la tecnología digital y que se encuentran hiperconectados a través de ésta. Una generación que en su mayoría no ha pasado a través de grandes crisis económicas y cuenta con “súper” padres que los empujan a ser libres y auténticos. Los Millenials comparten entre ellos una serie de valores éticos y sociales que apuntan hacia la ecología, la ruptura de jerarquías/etiquetas y la búsqueda de la equidad social.

Esta es una generación de la cual se habla mucho y que es poco comprendida y valorada por las generaciones que leanteceden. Quienes forman parte de esta generación comparten el deseo por:

  • Demostrar que se puede ser exitoso sin la necesidad de sacrificar su vida en una empresa o corporación, lo cual los hace ser emprendedores. Muchos de ellos buscarán poner su propia empresa antes que trabajar para alguien más. De hecho, es la generación que más jóvenes millonarios ha producido.
  • Demostrar que hay nuevas y mejoras formas de hacer las cosas y lograr resultados que las aprendidas hasta hoy, por ejemplo, colaborando y no compitiendo.
  • Vivir bajo un propósito más allá de la seguridad y la libertad como: la ecología, las causas sociales, la equidad social, etc.

Estos deseos, en conjunto con el contexto familiar y social, donde la mayoría de los Millenials crecieron, les hacen desplegar comportamientos que no son necesariamente vistos como positivos, como el sentirse con derecho a todo sin hacer el esfuerzo necesario y mostrar cierta tendencia al egocentrismo. Suelen mostrarse exageradamente seguros de sí mismos, pensando que todo lo pueden, o que seguro lo aprenden a hacer más rápido y mejor que los demás; sobre todo cuando los demás pertenecen a las generaciones anteriores.

Suelen moverse de un trabajo a otro con mucha frecuencia, su promedio de retención es menos o igual a 2 años, y lo hacen con la seguridad de que siempre hay ahí afuera algo mejor para ellos, algo que les haga más sentido y que no requiera de lidiar con jerarquías y estructuras que consideran obsoletas, ni con tener que encadenarse a una empresa o hacer algo que no quieren.

Son como Ícaro, el hijo de Dédalo en la mitología griega, jóvenes y confiados se aventuran listos a conquistar el sol, y en más de una ocasión, éste les derrite las alas y la realidad les golpea con su complejidad y protocolo.

Los Millenials han tenido el valor de romper con muchos paradigmas. Por mencionar un par:

  • Tengo que casarme y tener hijos para ser feliz. La mayoría busca casarse cerca de los 30 años, después de haber gozado de su soltería y sopesando mejor su decisión sobre el matrimonio, que otras generaciones. Muchos incluso deciden no casarse, y quienes lo hacen suelen preferir no tener hijos.
  • Se puede gozar de la vida hasta la vejez. La mayoría están más centrados en viajar, conocer otras culturas y disfrutar hoy, que en ahorrar o comprar un bien inmueble para su estabilidad futura. Viven más en el aquí y en el ahora.

¿Hasta dónde llevarán a los Millenials sus deseos? Es una historia que está todavía escribiéndose.

La generación Z o Centennials son también llamados generación igen o los Nativos digitales, y comprende a todos los nacidos desde inicios del siglo XXI (el año 2000) y hasta la fecha. Los Centennials son una generación literalmente conectada y que vive en un gran porcentaje de su vida a través de la web. Su capacidad de aprender y adaptarse a nuevas tecnologías es impresionante y mucha de su vida social e interacción con los demás es en un mundo virtual.

Retraídos, impacientes, con menos habilidades sociales, aprenden solos y con poca supervisión; explotan al máximo las posibilidades que la tecnología les ofrece para conseguir resultados sorprendentes tanto en lo individual como en lo colectivo.

Es muy difícil entender cuáles son los deseos o anhelos de una generación tan joven que aún no llega a su etapa de madurez y, por,  no han entrado a ser partícipes del mercado laboral y a tomar decisiones sobre matrimonio, hijos, etc. Lo que sí es que ya tenemos algunas señales de algunos paradigmas que vienen a romper, tales como:

  • No identificarse con ninguna orientación sexual en particular. Claman ser una combinación única de muchas preferencias.
  • El lograr hacer grandes colaboraciones en línea y obtener grandes resultados disminuyendo así la necesidad estar físicamente presentes en el mundo.
  • El contacto uno a uno se va volviendo cada vez menos necesario entre ellos. Incluso la frecuencia de las relaciones sexuales entre los integrantes de esta generación es menor que la de las generaciones anteriores.

Cómplice de camino no cabe duda de que, al vernos como parte de un todo -en este caso, siguiendo la forma de cómo evolucionan las generaciones- logramos comprender de dónde surgen muchas de nuestras motivaciones y deseos.

Definitivamente yo concuerdo con Freud que el deseo nunca se satisface por completo y que sólo se desplaza; es decir,que cuando alcanzamos la cima de una montaña desde ahí vislumbramos la siguiente cima, la que conquistaremos a continuación. Esto tanto en lo individual como en lo colectivo.

Ya que el deseo siempre se va a desplazar, busquemos parar de vez en vez y reconocer y apreciar lo que hemos alcanzado. Voltear a ver el camino recorrido y darnos una buena palmada en la espalda diciendo bien hecho. Hagamos pues una pausa para disfrutar de la vista actual antes de ir tras la siguiente cumbre. No dejemos que este fenómeno de “no tener llenadera” nos lleve a movernos con prisa, hacia un futuro prometedor que cuando llegamos a él se desplaza al siguiente y así sin fin.

La vida es lo que pasa frente a nuestras narices mientras alimentamos nuestras neurosis, hagamos juntos una rebelión consciente para realmente enfocar nuestra energía más en el hoy y menos en el mañana.

Un abrazo como siempre…desde el fondo del estanque de Narciso.

Ligas a artículos:

https://www.clarin.com/entremujeres/carrera-y-dinero/baby-boomers-generacion-millennials-centennials-generacion-perteneces_0_ByLAxzpEW.html

https://exploringyourmind.com/chronic-dissatisfaction-toxic-soul/

https://es.wikipedia.org/wiki/Generaci%C3%B3n_Z

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TRANSICIONES Fluir con los Cambios

Cuando ya no podemos cambiar una situación 

enfrentamos el reto de cambiar nosotros 

Viktor Frankl 

Este artículo lo baso en un libro que es de mis favoritos y que se llama Managing Transitions “Making the most of Change”, Manejando las Transiciones “Aprovechando al máximo el cambio”. El libro es de un autor norteamericano llamado William Bridges y su temática se centra en ayudarnos a manejar el proceso psicológico que se dispara cuando enfrentamos un cambio significativo. Te recomiendo, para que saques el máximo provecho a esta lectura,  que traigas a tu escenario de consciencia algún cambio importante por el cual estés pasando o hayas pasado y que quieras reflexionar sobre el mismo.

Lo primero que hace el autor es distinguir entre un cambio y una transición. Un cambio es algo puntual, es algo que simplemente sucede, es algo que te lleva del punto A al punto B, es un evento en la línea del tiempo que marca un antes y un después. Una transición es el proceso psicológico interno que vivimos los seres humanos para poder asimilar ese cambio, sacarle provecho y pasar a lo que sigue.

Cuando enfrentamos un cambio nos es muy difícil el poder pasar de lo que hasta ese momento era nuestro principio de realidad, a lo que ahora es. Al principio, el statu quo, la necesidad que tenemos de mantener control y de que las cosas permanezcan y funcionen como han funcionado “siempre”, nos pide que regresemos al orden preestablecido. Se disparan en nuestro interior una serie de reacciones emocionales y pensamientos que son defensivos y que buscan evitar el que nos enfrentemos a una nueva realidad que no sabemos cómo manejar.

William Bridges habla de 3 etapas por las que vamos a transitar:

  1. La Etapa de Finales o de Despedidas:

La primera etapa consiste en dejar ir, en soltar aquello que hasta ese momento constituía parte de nuestra vida y no va a volver a serlo jamás. Es una etapa donde es necesario reconocer las pérdidas en las que estamos incurriendo debido al cambio.

Elizabeth Kübler Ross, quien es autora del libro “La Rueda de la Vida” y una de las referencias a consultar en temas de Tanatología, propuso un modelo sobre cómo procesamos las pérdidas. Se trata de una serie de etapas en las cuales vamos y regresamos durante este período de duelo (del latín dolos que significa dolor).

Negación.- nuestra primera reacción ante el cambio es la negación; nos decimos: esto no me puede estar pasando a mí, no es así, está mal el diagnóstico, tú no me puedes estar diciendo esto, la vida no me puede tratar así, tú realmente no te quieres ir, etc. Es muy difícil al principio aceptar lo que acaba de suceder. Cuando nos damos cuenta de que la nueva condición permanece, soltamos una de las defensas más antiguas con las que contamos, que es desplegar enojo.

Enojo.- nos enojamos con la vida, nos enojamos con Dios, nos enojamos con la persona a quien creemos responsable del cambio, nos enojamos con la situación o la circunstancia que nos está moviendo de lugar. Nuestro enojo viene, sube-baja, se hace pequeño para luego desbordarse en una gran ira. A veces lo podemos proyectar en los demás e incluso frecuentemente nos enojamos con nosotros mismos. El enojo cumple con una función psicológica inconsciente, la de castigar a quien creemos ocasionó el cambio y de alguna manera convencerle de que cambie de parecer y repare las cosas o se enfrentará a terribles consecuencias. Es un noble intento muy instintivo de empoderarnos por encima de lo que nos aconteció.

Negociación.- cuando nuestra negación y enojo no nos evitan el enfrentar y/o el lidiar con la irremediable pérdida,recurrimos a nuestra mente. Intelectualizaremos lo acontecido y buscaremos negociar con el principio de realidad. Nos decimos cosas como: Bueno sí están cambiando las cosas, pero no del todo, y a lo mejor el diagnóstico que me dieron es cierto solo parcialmente e igual puede ser reversible en un porcentaje, o, sí se fue, pero no es que ya nunca va a volver, etc.

Duelo.- finalmente caemos en una profunda tristeza, en una especie de depresión donde vivimos el duelo. Para poder salir de la fase de finales, tenemos que identificar todo lo que perdimos, todo lo que se fue y llorarlo, llorarlo en serio, solo así podremos dejarlo atrás.

Este proceso no es tan lineal como se los cuento; más bien se vive como una serie de oleadas que llegan sin previo aviso y que cuando lo hacen nos arrastran en mareas emocionales que parecen no tener final, yendo y viniendo de una etapa a la otra. La buena noticia es que sí tiene fin, aunque los tiempos son muy distintos para cada persona.

  1. La Etapa de Neutrales o de Transiciones

Cuando finalmente pasamos esta cumbre emocional tan grande que trae consigo la etapa de finales y aceptamos y procesamos las pérdidas asociadas al cambio, entramos en una zona muy confusa, pues no estamos del todo listos para arrancar un nuevo comienzo, y el camino hacia atrás ya no nos es factible.

Esta zona de transición nos reta a pasar por una curva de aprendizaje, la cual comienza cuando finalmente salimos a explorar el mundo, dispuestos a aprender como se vive sin aquello que se fue, para no volver.

La zona de neutrales tiene sus propios retos, ya que, en el afán de forzar una conclusión de esta incómoda etapa, podemos inconscientemente caer en dos trampas principalmente:

  • la Idealización del pasado y/o
  • el declarar un nuevo comienzo antes de tiempo.

Idealizar el Pasado.- idealizar lo que se fue y exaltarlo fuera de todo contexto de realidad, es una trampa común para quienes han pasado la etapa de pérdidas y están en la zona de neutrales. Se distorsiona la experiencia pasada, se le maquilla de color de rosa y se le añora de regreso. Hay quienes incluso acomodan su entorno justo como este se encontraba antes del cambio.

Las personas entran en una especie de pausa, donde viven atrapados en otro tiempo, en uno que ya se fue, sin darse cuenta de que están evadiendo por completo su presente.

Declarar un nuevo comienzo antes de tiempo.- como seres humanos siempre estamos buscando atajos. En este caso intentaremos evitar hacer el pesado y largo trabajo de aprendizaje que representa la zona de neutrales, y nos convenceremos de que ya estamos listos para arrancar motores hacia lo siguiente, generalmente mucho antes de que sea el tiempo.

Al no darnos permiso de ir a un ritmo y un tiempo donde podamos aprender a ser y estar en el mundo de una nueva manera, empujados por el cambio, nos llevamos inconscientemente muchas veces a repetir ciclos, lo cual nos hace atraer más lecciones de la misma clase a nuestras vidas. En lugar de pasar a lo que sigue nos enredamos con más de lo mismo.

III. La Etapa de Nuevos Comienzos

Los nuevos comienzan llegan sin avisar. Un día te levantas y te das cuenta de que estás en algo completamente nuevo, que todo vuelve a estar bien, aun cuando nada ha vuelto a ser como era antes. Has pasado del otro lado del portal, has consumado una ardua jornada en tu vida.

La promesa es que, si nos damos el tiempo, sacamos la fuerza y mostramos la resiliencia para pasar por todo el proceso, remontaremos una curva muy difícil y empinada. Llegaremos a una cima desde donde podremos ver nuestra vida de forma muy diferente y al bajar, sentiremos la extraordinaria adrenalina del logro. Lo que en un principio causaba pavor no poder pasar, ahora se vuelve un orgullo, e incluso aquello que propició el cambio puede verlo ahora como una bendición en tu vida.

Es importante mencionar, que una transición no es lanzada solo por una tragedia; también eventos muy positivos como tener un hijo, lograr una promoción, cambiarse de país, y muchos otros, pueden ser algo sumamente difícil de lidiar con. Estos eventos positivos también implican pérdidas, nos van a causar enojo, muchísima confusión y miedo y nos van a llevar a través de una curva de aprendizaje. Es importante concientizar que no vamos a saber cómo manejarlos de inicio. Así que, no solamente la muerte de un ser querido, el que nos corran de un empleo, una enfermedad crónica o cualquier otro cambio que connotemos de negativo va a empujarnos a ir por un proceso de transición. Aprender a hacer transiciones es una habilidad muy importante con la cual contar, si queremos tener calidad de vida.

Ante las cosas nuevas que se nos presentan es mejor asumir una actitud de explorador para conocerlas. Ser sumamente creativos en cómo las enfrentamos, reconociendo qué cosas sí están en nuestras manos hacer y cuáles podemos controlar. Así poco a poco iremos aprendiendo cada vez más a lidiar con lo nuevo.

La única constante, el cambio, mi cómplice de camino. Te invito a bucear más en el fondo del estanque.

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ENAMORAMIENTO Los Fuegos Artificiales del Amor

Los amorosos andan como locos 

porque están solos, solos, solos, 

entregándose, dándose a cada rato, 

llorando porque no salvan al amor. 

Jaime Sabines (Poema “Los Amorosos” extracto) 

Toda relación amorosa transita siempre primero por el enamoramiento. Este es un estado psico-emocional entre dos personas de lo más agradable y expansivo, pero que tiene un período finito de duración, o por decirlo en otras palabras, tiene fecha de caducidad.

Aprender a reconocer y fluir por el estado de enamoramiento para después aceptar en consciencia su terminación, viéndolo como el punto de inflexión desde donde decidimos después el amar en consciencia, requiere de un profundo trabajo personal de crecimiento y evolución. Este trabajo es puesto a prueba cada vez que estamos en la presencia de ese “otro significativo”.

Te invito a que hagas junto conmigo una autopsia a las relaciones tormentosas y apasionadas de tu pasado (o tu presente). Esto, con el propósito de identificar en cada una de ellas cómo has vivido o estás viviendo la psicodinámica del enamoramiento. Al profundizar en éste, y muchos temas más que estaremos compartiendo contigo, te estás preparando para lograr esa relación sana y funcional que tanto anhelas.

El Enamoramiento: Nivel Físico

El enamoramiento es un fenómeno que altera muchas de nuestras funciones físicas, emocionales y mentales. El solo evocar la presencia, el aroma, y/o la sensación de contacto con el enamorado(a), dispara una serie de reacciones físicas y químicas muy intensas dentro de nuestro organismo. Esto se debe en parte a que ocurren fenómenos a nivel bioquímico en nuestro cerebro y en nuestro sistema glandular, los cuales, alteran los niveles de ciertas sustancias químicas e inducen otras a actuar.

El cerebro, a veces considerado la glándula maestra del sistema endócrino, se organiza para segregar en la sangre ciertas sustancias químicas durante el enamoramiento. Algunas de ellas son:

  • la feniletilamina: una sustancia parecida a la anfetamina, presente también en proporciones pequeñas en los chocolates;
  • la norepinefrina y la oxitocina: mensajeros químicos del deseo y la sexualidad; y
  • la adrenalina y noradrenalina: neurotransmisores que aceleran las reacciones del organismo y son segregadas por las glándulas suprarrenales.

Por lo anterior podemos apreciar que, durante el enamoramiento, liberamos en el torrente sanguíneo todo un cóctel químico que va a causar fuertes efectos en quien lo consume. Menciono a continuación algunos de ellos:

  • el corazón late más de prisa y la presión sistólica sube;
  • se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular;
  • se generan más glóbulos rojos para mejorar la oxigenación sanguínea;
  • se desarrolla una alta excitabilidad sexual y aumenta la libido;
  • se incrementa el deseo y la necesidad de repetir comportamientos placenteros;
  • la piel se suaviza y los ojos adquieren un brillo especial;
  • se tiene una sensación de flotar;
  • se tiene un filtro rosa que todo lo ve optimista en la vida, percibiendo como mínimos los problemas y preocupaciones;
  • hay una sensación de seguridad, de haber llegado a casa; y
  • hay distracción, relax y expansión.

¿Alguien se podría resistir a la tentación de tomar este cóctel y obtener todos sus maravillosos efectos, si se lo ofrecieran en una pastilla? ¿Qué opinas?

Al igual que con muchas drogas y medicamentos no muy conocidos o de fabricación dudosa, nadie nos va a prevenir sobre sus efectos secundarios.

Como todo en la vida, estas reacciones químicas que nos hacen entrar en una espiral de tanta intensidad, tienen un para qué existir; es decir, se disparan con un propósito determinado y no solo de forma azarosa.

Si queremos comprender al enamoramiento -más allá de que forma parte del instinto de reproducción que como especie animal tenemos los seres humanos-, necesitamos entrar en la raíz psicológica de este fenómeno.

El Enamoramiento: Nivel Psicológico

El Enamoramiento tiene además de causas fisiológicas, causas psicológico-emocionales. Éstas, hunden sus raíces en nuestro pasado y se remontan a una época infantil.

Vivimos el encuentro con ese “otro significativo” como la solución de una historia muy antigua. Se nos dispara la sensación de haber encontrado en el “otro”, a la persona que será capaz de proporcionarnos TODO aquello que nos hizo falta durante nuestro crecimiento. Hablamos de aquellas necesidades que nuestra familia nuclear, por la razón que fuera, no pudo satisfacer. Estamos implicando que por más preparada y bien intencionada que estuviera nuestra familia nuclear (sobre todo papá y mamá) ésta, no pudo nutrirnos en todos y cada uno los aspectos que necesitábamos, por una simple y sencilla razón: “Algunos satisfactores que les pedimos no los tenían, ni para ellos mismos”.

No podemos darle a alguien, aquello que no sabemos darnos a nosotros mismos, no importa cuánto lo actuemos o lo finjamos tener. Si queremos brindar seguridad, pero tenemos miedo, solo brindaremos una máscara de seguridad llena de miedo; si queremos brindar alegría, pero tenemos tristeza, solo brindaremos una máscara de alegría llena de tristeza, etc.

Esto nos lleva irremediablemente a la conclusión de que, todos crecemos con algún tipo de carencia. Te proporciono a continuación una lista de los satisfactores que generalmente buscamos en nuestra familia nuclear y que lamentablemente, no siempre pueden ser todos satisfechos al 100%:

  • seguridad,
  • afecto,
  • inclusión,
  • complicidad,
  • admiración,
  • respeto,
  • compañía,
  • sensualidad,
  • contacto físico,
  • afirmación,
  • comprensión,
  • familia,
  • pertenencia,
  • placer y,
  • apoyo.

Momento de Reflexión: En tus propias experiencias de enamoramiento ¿Qué fue aquello que finalmente creíste que el otro te iba a dar y que en tu vida tanta falta te hizo (sobre todo cuando eras pequeño)?

La euforia, optimismo, relax y filtro positivo y rosa que se disparan durante el enamoramiento, son la consecuencia de sentir ilusoriamente, que finalmente hemos logrado dar con la persona que nos va a satisfacer TODAS las necesidades que estuvieron ausentes en nuestra historia de vida en tiempo y forma.

Citando a continuación a Erick Fromm en su libro “El arte de amar”:

El nivel de euforia e intensidad de un enamoramiento es directamente proporcional al nivel de vacío y soledad que tenían las dos personas antes del encuentro.

Visto desde la óptica de Fromm, el fenómeno del enamoramiento desata semejante cadena de reacciones en el organismo, porque aparentemente sentimos que alguien va a ser capaz de hacernos felices. Finalmente, sentimos que hemos encontrado a quien nos ame incondicionalmente. Afirmamos que este estado de éxtasis es la recompensa de haber llegado con quien “SÍ” nos corresponde, tal como nosotros lo necesitamos.

El mundo que nos rodea, además refuerza continuamente la fantasía de que podemos ser capaces de mantener el enamoramiento por siempre, con una mercadotecnia que apunta al “y fueron felices para siempre”. Y claro está que, ¿quién no quisiera que los efectos de semejante droga de enamoramiento se mantuvieran para siempre presentes? Esta es la razón por la cual muchas personas saltan de relación en relación en cuanto los efectos del enamoramiento han pasado. Sin darse cuenta, se han vuelto adictos a este estado.

¿Será posible que el otro realmente pueda llenar 100%, mis necesidades? Si esto fuera posible ¿Por qué entonces fracasan tan frecuentemente los intentos de hacer del estado de enamoramiento algo permanente?

El enamoramiento está destinado a fracasar por la simple y sencilla razón de que, por más que se esfuerce el otro por llenar nuestro vacío, siempre lo hará de forma limitada. Esto, sin importar todo lo que esté dispuesto a hacer.

Existen seres humanos con capacidades limitadas que te dan algunas cosas y otras no. Ese ser “príncipe azul” o “princesa encantada” que tiene la mezcla exacta de lo que necesitas, cuando lo necesitas y de la forma en que lo necesitas…NO EXISTE en la vida real (perdón por el golpe de realidad).

La gran paradoja radica en que nos enamoramos con mayor fuerza de quien no tiene casi nada de lo que necesitamos… aun cuando en un principio fantaseamos que sí lo tiene (pensamos que solo es cuestión de que le motivemos tantito y nos lo dará… vaya fantasía).

Si te enamoras de un diamante en bruto, pensando que tú lo vas a pulir para que brille, es altamente probable que te quedes con el bruto y nunca veas el diamante emerger.

Pero entonces ¿para qué en la vida hay atracciones tan profundas, soportadas con cócteles químicos fortísimos que causan una ilusión enorme de llenar el vacío, si nunca lo terminan llenando?, osease ¿cuál es la finalidad del enamoramiento?

El enamoramiento tiene la finalidad de que repitamos nuestra historia emocional de carencia que vivimos en nuestra familia nuclear, pero esta vez con la pareja, con el fin de que la podamos sanar. Necesitamos darnos cuenta de que nadie, no importa lo que hagamos, va a llenar nuestros vacíos, para así poder asumir la responsabilidad de hacerlo nosotros mismos.

Mientras nosotros no tomemos la responsabilidad de convertirnos en ese padre y madre ideales que atienden nuestras necesidades y nos ayudan a crecer para ser la mejor versión de nosotros mismos, siempre estaremos viviendo desilusiones, cuando los demás no logren cubrir el papel que esperamos.

Además, la elección del objeto amoroso es muy contradictoria. Nos enamoramos con la ilusión de que nos van a llenar una serie de carencias y escogemos justamente a quien no tiene con qué hacerlo. De hecho, quien sí tiene más posibilidades de darnos algo de lo que necesitamos no nos es atractivo y lo rechazamos. Todo apunta a la desilusión… pero si sacamos provecho de todo esto, enfocándolo a la toma de responsabilidad de sanar nuestra historia, entonces es una gran oportunidad.

No se trata de evitar enamorarnos, ya que es uno de los regalos más hermosos que nos brinda la vida. Se trata de entrar en consciencia en este estado, sabiendo que va a pasar y me va a revelar aquello de lo que necesito hacerme cargo yo. Si lo aceptamos así, le podemos dar la bienvenida cuando entre a nuestras vidas y despedirlo cuando se tenga que ir.

¿De qué tienes que hacerte responsable, que has esperado que el otro lo haga por ti?

¿Vas a asumir la responsabilidad de llenar tu vacío o vas a seguir en espera de que alguien afuera lo haga por ti?

¿Cómo crees que es la dinámica en las relaciones donde ambos esperan que el otro los llene? ¿Te suena familiar?

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ENOJO Buen chico vs Mal chico

Cualquiera puede enojarse… es algo muy sencillo, 

Pero enojarse con la persona adecuada, 

En el grado exacto, en el momento oportuno, 

Con el propósito justo y del modo correcto, 

No resulta tan sencillo. 

Sócrates 

Nos toca hablar del manejo adecuado del enojo. Para ello, tenemos que dar un marco general introductorio de lo que son las emociones. El cerebro usa las emociones para darle “color” a las experiencias que vivimos y hacerlas memorables. Recordamos principalmente aquellas vivencias que evocan alguna emoción, y tendemos a olvidar fácilmente aquellas que no nos provocan emoción alguna. La próxima vez que no puedas recordar a alguien por más que te esfuerces significa que no te provocó emoción alguna, ni positiva, ni negativa.

Surge entonces la pregunta ¿por qué necesitamos recordar una experiencia y usamos las emociones para ello? La respuesta está en la forma como funciona nuestro cerebro. El cerebro, como buen organismo cuya función principal es la conservación, necesita recordar cuando ante una situación nos es conveniente acercarnos, relajarnos, confiar e incluso arriesgarnos, y también cuando ante la misma, es mejor estar cautos, tomar distancia, correr o incluso pelear. La forma como honramos lo que aprendimos y sabemos qué hacer con base en nuestras experiencias pasadas, es a través de evocar nuestras emociones.

El mecanismo ocurre en nuestro cerebro, quien, al estar frente a algún estímulo, lo compara con lo que tiene archivado en las celdas de memoria. Si asociado al estímulo del exterior hay en la memoria una emoción placentera, como el amor, la alegría o la tranquilidad, éstas se evocan inmediatamente, indicándonos que es seguro acercarnos, abrirnos a la experiencia e incluso buscar más de la misma.  Nuestra experiencia nos dice que vamos a crecer, a expandirnos, a sentirnos amados, especiales, seguros, etc. Por el contrario, si asociado al estímulo hay en la memoria una emoción displacentera o de alerta, como la tristeza, el miedo o el enojo, éstas también se evocan inmediatamente, indicándonos que necesitamos poner un límite, defendernos, tomar distancia, atacar o huir.

El proceso es sumamente rápido y la mayoría de las veces lo vivimos de forma inconsciente. El cerebro, en cuanto evoca una emoción, vierte en el torrente sanguíneo sustancias llamadas neuropéptidos. Todas las células del cuerpo tienen receptores para estos neuroquímicos y, una vez desencadenada la reacción, sentiremos de nuevo, con fuerza, la emoción asociada a la experiencia pasada, lo cual nos movilizará en la dirección que aprendimos tiempo atrás, que es la adecuada a seguir.

Cada emoción tiene una función. El enojo en particular es una emoción que sirve para hacer una defensa frontal: nos permite poner un alto, establecer un límite.

El enojo nos permite expresar fuerza, poder y nos hace ser creíbles como autoridad. Es una emoción que responde mucho al antiguo instinto de huir o atacar, es muy adrenalínico. Pero ¿cuánto enojo se necesita o es necesario desplegar? esto depende de cada situación, ya que el enojo -al igual que las demás emociones- tiene toda una gama; desde manifestar una ligera molestia, hasta desplegar toda nuestra ira.

Llamaremos Asertividad (del inglés assert que significa dar en el blanco) a la capacidad de saber desplegar la cantidad de enojo necesaria y, acorde a cada situación. Es una habilidad súper importante para poder tener relaciones interpersonales funcionales y sanas.

El reto radica entonces en evaluar la situación en cuestión y poder elegir cuánto enojo es necesario desplegar. Si una situación no requiere de tanto enojo y yo desplegó toda mi ira, voy a tener un resultado muy agresivo en la otra persona, voy a lastimar, voy a romper la relación (no era necesaria tanta rudeza). Pero al revés, si pongo poco enojo en una situación que requiere de más enojo, voy a ser completamente pasivo. Mi enojo no me va a defender, no voy a ser creíble y van a pasar por encima de mí (como cuando Simba en la película El Rey León de los estudios Walt Disney, intenta defender a Nala del ataque de las hienas con un rugido agudo, el cual solo les da risa a sus depredadores).

Es necesario aprender a calibrar nuestro enojo y, para ello, necesitamos conocerlo, entender cómo lo desplegamos y hacernos amigos de él. Solamente así, aprenderemos a manifestar la cantidad de enojo que necesitamos en una situación en particular. Vayamos entonces a conocer y aprender a dirigir a nuestro “Hulk” interior.

Cada uno de nosotros tiene una relación única y peculiar con su enojo. Esta relación la aprendemos con base en nuestra historia ¿Era el enojo algo permitido o prohibido en el ambiente familiar? ¿Todos tenían derecho a manifestar enojo o solo algunos? ¿Hubo un manejo adecuado del enojo o solo había sus extremos (violencia y pasividad)? ¿Cómo conocimos lo que era enojarse y qué aprendimos de ello?

En sesiones de Coaching, cuando trabajo con alguien que busca desarrollar su asertividad; es decir, su capacidad para contactar y expresar de formas sanas una mayor gama de matices del enojo acorde con el contexto en el que interactúa, siempre le hago este tipo de preguntas. Suena a un trabajo engorroso y en realidad al principio sí lo es, pero para que tu historia no sea quien te determine es necesario que la conozcas. Un ejercicio interesante para este punto es que escribas la historia de “Tu Enojo” como si se tratase de un personaje ¿Cómo entraste en contacto con “Tu Enojo”? ¿Cómo lo has manifestado en las diferentes etapas de tu vida? ¿Dónde se encuentra hoy? ¿Cómo es tu relación con él?

Aparte de analizar tu historia es importante que aprendas a reconocer los síntomas que te indican que te estás enojando. Nuestra meta es cachar al enojo cuando es apenas una molestia, es decir cuando está en gestación. Entre más rápido caches la presencia del enojo, tendrás una mayor ventana de tiempo para evaluar y decidir qué quieres hacer con él.

¿Cuáles son los primeros síntomas?

Tensas la quijada.
Se te enrojece el cuello.
Sientes que te hierve algo en la boca del estómago.
Aprietas los puños.
Levantas la ceja.
¿Qué pensamientos comienzan a pasar por tu mente?

Insultas en tu interior a la persona o la minimizas.
Creas todo tipo de juicios e imaginas cómo castigarás al culpable.
Evocas recuerdos a situaciones similares.
Visualizas cómo humillas y derrotas al otro.
El mapear nuestra propia ruta de manifestación de enojo es muy revelador. Hay quien come enojo y cuando está enojado no dice nada, literal se lo traga. Hay quien al querer expresar enojo expresa tristeza y llora, lo cual no le ayuda para nada a poner límites o defenderse. Hay quien quiere poner un límite y se te va a la yugular, no quería lastimarte, pero te hizo pedazos y ahora no sabe cómo reparar el daño. Esta lista la podemos continuar hasta el infinito.

La única forma de hacer algo diferente a lo aprendido, es meter freno a lo que nos sale de forma automática y, con mucha fuerza de voluntad, en vez de reaccionar, responder. Dice Bob Proctor, un reconocido escritor y ponente del movimiento del potencial humano:

“Cuando reaccionas abandonas tu poder.

Cuando respondes te mantienes en control de ti mismo”

La gran pregunta es ¿Vas a seguir reaccionando y expresando de forma inconsciente tu enojo, acorde a lo que aprendiste en tu historia? o ¿Vas a hacer un esfuerzo por responder y expresarlo de forma consciente?

En caso de que elijas trabajar en él, recuerda que vas a ir por una curva de aprendizaje y que, en definitiva, no te va a salir bien a la primera. Yo, en lo personal, recomiendo muchas veces a la gente interesada en trabajar con su enojo, que se ponga literalmente un letrero diciendo “asertivo en entrenamiento”, previniendo así a los demás sobre posibles respuestas emocionales de enojo que no correspondan al estímulo.

Ensaya con una gama de situaciones haciendo simulacros frente a un espejo o haz simulaciones o role-plays con alguien que te ayude actuando como tu contraparte (actuando como si fuese la persona con la que estás enojado). Esto puede llegar a ser divertido y sobre todo liberador.

En el caso de que seas de las personas que son “de mecha corta”, y el enojo para ti digamos que fluye abundantemente y en muy poco tiempo (eso por decir lo menos), será necesario que antes de expresárselo a alguien te atemperes. Es decir, que busques un lugar “seguro” para hacer catarsis donde deposites el exceso de enojo, literal, donde lo vomites, sin lastimarte o lastimar a alguien más.

Pégale a una almohada o cojín, estrangula una toalla, escribe una carta de desahogo, léela y luego destrúyela, grita en el coche con los vidrios cerrados cuanto improperio quieras o salte a correr hasta quedar exhausto. Lo importante es drenar el exceso de enojo para poder expresar sólo lo que necesitas en cada situación.

Lo importante al final es que nosotros dirijamos a nuestro enojo y no que éste nos secuestre y nos lleve a consecuencias terribles, o que no lo podamos convocar y quedemos indefensos y vulnerables ante los demás.

Aún hay mucho más que explorar en el fondo del estanque, cómplice de camino. Hasta la próxima.

Héctor Cerbón

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ADICCIONES Enfrentando el Vacío

Es a través de descender en los abismos
que recuperamos nuestros tesoros.
Joseph Campbell

Caroline Myss, autora del bestseller “Anatomía del Espíritu”, sostiene que una adicción se da en un individuo como resultado de un desbalance entre dos fuerzas tirantes:

  • una proveniente de nuestro anhelo de ser amados y sentirnos plenos emocionalmente (la cual ella representa de forma simbólica como el lenguaje del corazón) y cuyo origen está en el “self” verdadero, y la otra,
  • proveniente de lo que hemos aprendido e introyectado que es nuestro deber ser (lo cual ella representa de forma simbólica como el lenguaje de la mente) y cuyo origen es la falsa personalidad

Ella propone que cuando el corazón (a quien asocia con mamá) y la mente (a quien asocia con papá) no se ponen de acuerdo sobre qué dirección tomar, y la mente en su anhelo de controlar continuamente y mantener el “status quo” ignora o sofoca la voz del corazón, se genera un gran vacío ontológico que sufrimos cada uno de nosotros (a quien asocia como los “hijos” de estas dos fuerzas).

Como “hijos”, cuando sentimos que no nos será posible llenar el anhelo de plenitud del ser con el amor incondicional de mamá y papá, buscaremos llenarlo de otra forma, y esta otra forma, la mayoría de las veces, es a través de una adicción.

¿Por qué surge un patrón adictivo?

Lo mejor es ir a través de un ejemplo. Digamos que tenemos una enorme necesidad de contacto auténtico y amoroso con los demás, pero en nuestro entorno las personas con quienes crecemos fueron secas, distantes, racionales y poco demostrativas de afecto. Como no podemos quedarnos sin satisfacer nuestra necesidad de contacto buscaremos sustitutos.

Pongamos, por ejemplo, que entre los múltiples posibles sustitos que vamos probando, resulta ser que, al comer, si bien no sentimos que cubre al 100% nuestra necesidad de contacto, si la adormece y tranquiliza. Así que cada vez que sentimos “ese vacío” la solución que ocupamos es comer.

Dado que no estamos cubriendo realmente el satisfactor que andamos buscando, entonces la necesidad no queda completamente satisfecha y una vez que la tranquilidad y el adormecimiento pasan… pues el vacío demanda que le demos “más” comida.

Nos llevamos al punto de estar atrapados y sin salida, sin poder parar, porque en el fondo y de forma inconsciente estamos convencidos de que no contamos con otras alternativas para tener los satisfactores que anhelamos, y siendo así, estamos dispuestos a pagar altísimos precios por estos “sustitutos” lo cual nos llevan a vivir bajo patrones adictivos.

Quiero aclarar que TODOS y enfatizo, categóricamente TODOS, tenemos adicciones en diferentes niveles. Por lo general no nos vamos a preocupar y mucho menos a ocupar de las mismas, a menos que estemos comenzando a pagar un precio sumamente alto por mantenerlas. El intentar precisar cuándo llegamos a este punto es imposible, ya que es algo completamente subjetivo y personal.

No importa a qué seamos adictos: a las relaciones tormentosas, al fracaso económico, a ciertas emociones, a repetir experiencias del pasado, al juego, al sexo, a la comida, al internet, al trabajo, a la insatisfacción crónica, etc. Toda adicción responde a la necesidad de llenar un vacío.

Por más disparado que se escuche, la realidad es que en el fondo amamos y necesitamos nuestras adicciones ¿por qué? Porque son la única forma conocida que tenemos hoy de intentar satisfacer algunas necesidades, y al menos así mitigamos su angustiosa presencia en nuestras vidas. Esto es como estar convencidos de que la única opción disponible para tratar nuestra enfermedad es tomar un medicamento que lastima e intoxica de forma lamentable al resto de nuestro cuerpo. Visto desde esta forma parece un lugar sin salida.

Mi definición personal de adicción es toda rutina o hábito que tiene más poder sobre de mí que mi propia voluntad. En cuanto yo ya no tengo capacidad de decidir si quiero o no quiero hacer algo, eso indica que le he cedido mi poder a algo o a alguien por alguna razón que desconozco. El reto consiste, en volver a empoderarnos y tomar el mando de nuestras vidas para nuestro bienestar e incluso para el bienestar de la gente que nos rodea. Pues lo queramos admitir o no, nuestras adicciones también tienen impactos negativos en nuestras relaciones interpersonales, sobre todo en las más cercanas y significativas.

¿Existe alguna cura? La respuesta es SÍ... el camino para liberarnos de una adicción es el “Desapego”. Si elegimos desapegarnos de nuestra adicción necesitamos tomar la decisión de no regresar por el satisfactor tóxico con el que llenamos el vacío, no importa cuánto lo deseemos, a la par que nos retamos a aprender a proporcionarnos creativa y constructivamente aquellos satisfactores que sentimos se nos han negado en la vida.

Si chambear en esto te llama la atención es importante que sepas que es un trabajo personal donde vas a requerir entre otras cosas de:

  1. Tener conocimiento de qué es aquello que no has podido tener hasta al día de hoy, de esa necesidad insatisfecha que, desde el inconsciente, clama por un satisfactor y es la causa raíz de tu adicción: tener una pareja estable, sentirte seguro, lograr que se comprometan contigo, ser disciplinado, vivir de forma saludable, tener abundancia, satisfacción sexual, reconocimiento, ser tú mismo, vivir en libertad, etc. Encontrar la necesidad insatisfecha debajo de una adicción no es fácil y muchas veces puede requerir de ayuda del exterior como, por ejemplo, la de un terapeuta o un coach.
  2. Identificar las experiencias que continuamente se te presentan alrededor de estos temas. Estas son las pruebas que continuamente vamos jalando para enfrentar nuestros patrones adictivos (da la sensación de que la vida se ensaña en repetirnos estas condiciones una y otra vez). El problema no radica en cómo jalamos a nuestras vidas estas pruebas/condiciones sino cómo terminamos siempre repitiendo la misma historia: teniendo por novio/a quien depende fuertemente de su familia y por ende está incapacitado para comprometerse contigo; buscando reconocimiento en personas críticas; queriendo ser libre en relaciones con personas sumamente controladoras; tomando esa copita (sí la del estribo); trabajando de nuevo en fin de semana, solo éste, y eso porque surgió un bomberazo, etc.
  3. Tener la fuerza de voluntad para no darte permiso de repetir el comportamiento adictivo pasando por un difícil período de desintoxicación. Justamente aquí es cuando con más facilidad regresamos a comportarnos como siempre lo hemos hecho. Ya que será necesario, por ejemplo, aprender a decir que no, hacerte cargo de ti mismo en vez de que te hagas cargo del otro, poner límites, aceptar el rechazo, saber manejar la ansiedad, etc.
  4. Trabajar seriamente en sanar las heridas emocionales alrededor de estos aprendizajes para bajarle el volumen a tu “huella de abandono”. Esto igual te recomiendo hacerlo con un terapeuta.
  5. Desarrollar tu creatividad para proporcionarte el satisfactor que obtenías mediante la adicción de una forma más sana y sin pagar precios tan altos. Como, por ejemplo: cuando necesites reconocimiento en vez de intentar llamar la atención de personas críticas e insensibles mejor participa en alguna actividad grupal donde seguro tendrás un papel importante o, en vez de comer sin parar cuando quieras cariño regálate un baño largo con aromaterapia o, en vez de buscar el compromiso de quien nunca está, comprométete contigo en algo donde elijas no fallarte, etc. Las posibilidades son infinitas y cada uno tiene la labor de descubrir lo que le funciona.

Sé que suena a mucha chamba, pero bien vale la pena llevarla a cabo. Es tal la fuerza de los apegos a nuestras adicciones que en épocas remotas se representaban a las adicciones como “nuestra necesidad de adorar a falsos dioses”.

Analicemos simbólica y metafóricamente la carta del tarot del diablo y con ello entenderemos muy bien lo que estamos queriendo decir:

El diablo descansa sobre la mitad de un cubo. El cubo representa a lo material, a la tierra, por lo tanto, el diablo descansa en la mitad del cubo, representando que su sostén es una realidad incompleta. Tiene alas de murciélago lo cual indica que habita en la oscuridad, esto es, habita en nuestro inconsciente donde no lo podemos ver con facilidad.

El hombre y la mujer de la imagen están encadenados a él, pero en realidad sus cadenas están lo suficientemente sueltas para que en cualquier momento se liberen de ellas; sin embargo, están tan fascinados bajo la seducción de su adicción que no se sueltan de este falso dios. Nuestras adicciones son así, la realidad es que siempre hemos estado libres de salirnos de ellas, pero creemos que estamos encadenados para siempre a las mismas.

Cuando logras traer a tu escenario de consciencia tus adicciones, empoderas a tu voluntad para desapegarte y desintoxicarte y utilizas tu creatividad para satisfacer lo que estaba insatisfecho de formas constructivas, experimentarás una liberación tremenda de energía. Un poder enorme.

La luz del arquetipo del adicto es su capacidad de mover toda su fuerza de voluntad para empoderarse por encima de sus adicciones y liberarse a sí mismo de sus creencias y hábitos más destructivos.

Todos tenemos cierto grado de adicción, ¿Podemos y queremos reconocer esto y emprender el trabajo para alcanzar la libertad que el desapego nos brinda?

Ánimo cómplice de camino que aún falta mucho que recorrer en las profundidades del estanque.