Amor Nueva Normalidad 003400

El Amor en la Nueva Normalidad

Necesidad de compañía,

tecnología fría…

 

Sonidos esperanzadores,

necesidades desesperadas…

 

Conexión de ideas,

intercambio de posturas,

nacimiento de un sentimiento…

 

Autor: Dulce Primavera

La Ética Social en la Nueva Normalidad

Cómplice de camino ¿te ha tocado viajar a algún país exótico o tener contacto con gente de culturas completamente diferentes a la tuya y enamorarte de alguien muy distinto a ti? Bueno, pues si quieres que funcione, tendrás que reaprender todas las reglas de lo que se debe y no se debe hacer en las diferentes etapas de la relación, tanto con tu nueva probable pareja, como con su familia y en este nuevo contexto social. Lo que es propio y adecuado en nuestro contexto puede que no funcione -e incluso sea ofensivo- en un contexto diferente. La llegada del COVID 19 marca un parteaguas en todas las reglas de socialización y contacto entre seres humanos y, por ende, todos vamos a necesitar hacer un ajuste para adecuarnos a ellas. Si bien ya todos hemos adoptado más o menos algunas reglas de sanidad cuando convivimos con los demás como: usar el cubrebocas, la sana distancia y el lavarnos las manos con frecuencia; el llevar esto al terreno del ligue, el sexo y las relaciones interpersonales significativas implica un desafío mucho mayor.

Las relaciones interpersonales significativas han sido impactadas por otras pandemias en el pasado, sobre todo con lo relacionado con enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, la gonorrea, el virus del papiloma humano y el vih; sin embargo, esta vez hablamos de que no es necesario tener sexo para contagiarse. ¡incluso el platicar a corta distancia con una persona sin mascarilla ya implica un riesgo!

Hoy, “bajarse la mascarilla con alguien” es un acto que denota una enorme confianza y que se debe estar consciente que al hacerlo se está corriendo un riesgo importante. No puedo más que equipararlo a lo que en mi época y aun hoy es el arriesgarse a tener relaciones sexuales sin condón, un riesgo que necesitas evaluar muy bien con quien elijes corrértelo, porque las consecuencias de no hacerlo pueden ser muy graves. Entonces, del beso, abrazo, apapacho y todo lo demás ¡ya ni hablamos!

¿Qué tanto es tantito?

Aunque la pregunta suena a albur mexicano, es una de las preguntas que nos estamos haciendo todos los días cuando entramos en contacto con otras personas. Al inicio se nos recomendó que si queríamos relajar las reglas de sanidad lo hiciéramos solo dentro de “burbujas”, es decir, dentro de grupos de personas que compartieran los mismos niveles de cuidados ante la pandemia y con un pacto de que ninguno de los integrantes de una burbuja pudiera pertenecer a otra burbuja, ni podía bajar la guardia con nadie más. Una vez más, esto implicó un acto de confianza, donde estuvimos dispuestos a correr un riesgo dentro de un grupo y lo asumimos de forma consciente. La mala noticia es que las “burbujas” no funcionaron como se esperaba y terminaron siendo foco de propagación del virus. Luego se recomendó reducir el número de personas con quienes poder relajar las reglas de sanidad a nuestra familia y hoy, los encuentros familiares son el foco de contagio e infección número uno. El círculo se reduce cada vez más, y ahora estamos ya en el punto donde se recomienda, que, si hemos de relajar las reglas de sanidad, lo hagamos solamente con las personas con quienes cohabitamos en un mismo espacio. ¿A dónde vamos a llegar?

Las estadísticas no dejan mentir, y la mayor oleada de contagios se han dado en fechas donde la socialización es más alta a nivel familiar como Navidad, Año Nuevo y vacaciones, que es cuando solemos juntarnos y justo ahí es donde hemos bajado la guardia y relajado las normas de sanidad. Darse un permiso o hacer una excepción, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Estamos ahora llenos de historias de personas que por necesidad o simplemente porque ya no aguantaban más la restricción, sucumbieron a la tentación e hicieron una reunión, asistieron a una fiesta, se besaron con alguien, y que después, pagaron ellos y gente cercana a ellos, un precio muy alto.

Somos seres gregarios por naturaleza y tenemos una necesidad real de sentir que estamos vinculados de forma significativa con los demás, ya no digamos de lo benéfico que son los abrazos y las caricias para nuestra salud física, emocional y mental. Tenemos ahora que ser muy creativos para obtener esos estímulos sin que ello implique correr grandes riesgos para nuestra salud.

Ir más despacio, enfriar la cabeza y ser creativos.

El primer desafío con el que nos topamos cuando enfrentamos una situación que implica riesgo es desacelerar el deseo o impulso que nos mueve a la acción, para entonces poder evaluar el riesgo que esto conlleva de forma más fría. Es necesario ir más despacio y obtener más información sobre la otra persona antes de decidir cuánta cercanía queremos brindarle, hay que conocer más sobre: sus hábitos, valores, círculos sociales e incluso podríamos acordar el hacernos juntos una prueba de COVID 19. Ya sé que esto se dice fácil y en la realidad nos es “harto difícil”.

Los seres humanos no somos muy buenos que digamos gestionando los impulsos y los deseos, y siempre andamos buscando formas de brincarnos las trancas; ésta es la eterna lucha entre el Id y el Ello que se regulan por la intercesión del Yo, hablando en términos Freudianos, o nos podemos referir al esfuerzo consciente que tenemos que hacer para activar las funciones cognitivas y de control del neocórtex vs los rápidos impulsos que provienen de los cerebros límbicos/reptilianos, si hablamos en términos de Neurofisiología. El punto es que es un reto para todos, y mucho más para los jóvenes, quienes, a su edad, están sometidos por sus hormonas y no siempre saben cómo manejarlas.

La humanidad ha buscado desde hace mucho, formas de calmar los deseos y de dirigir sus instintos que no necesariamente impliquen vivir las experiencias tal y como nos la solicita nuestra psique. Estos deseos e instintos existen en el inconsciente y tienen un enorme poder sobre la forma como actuamos. Hablamos, por dar algunos ejemplos, de la necesidad de aparearse, de marcar el territorio, el instinto de atacar vs huir, la necesidad de cuidar a las crías y el instinto de supervivencia. Todos ellos conviven junto con otros deseos que fueron aprendidos o introyectados a lo largo de nuestro crecimiento, sobre todo en edades tempranas. Si no pudiéramos sublimar nuestros impulsos o diferirlos, estaríamos todos cometiendo toda clase de atrocidades, asesinatos, violaciones, corriendo toda clase de riesgos y haciendo locuras a la menor provocación.

Sublimar es la capacidad que tenemos los seres humanos de satisfacer un deseo o impulso de forma indirecta. Por ejemplo, si tengo un impulso destructivo, en vez de destruir lo primero que encuentro o a otras personas o a mí mismo, lo canalizo rompiendo todos los papeles viejos de mi archivero o cortando leña o derrumbando una pared vieja o jugando Angry Birds y gozando cómo acabamos con esos “cerdos verdes”. El acto que estamos llevando a cabo es en sí destructivo, pero el llevarlo a cabo de forma consciente y deliberada para un fin positivo, no solo libera y desenergetiza el deseo o impulso, sino que incluso puede traer consigo un beneficio.

Estamos en un momento donde muchos de los impulsos y deseos que antes podíamos satisfacer de forma segura -si así lo buscábamos-, a través del contacto significativo, íntimo y amoroso con los demás, ahora necesitamos sublimarlos creativamente con el menor contacto físico buscando evitar correr constantemente riesgos para nuestra salud y la de quienes nos rodean.

Si la ociosidad es la madre de todos los males, la necesidad puede ser la madre de la creatividad, ¿cómo ves? A continuación, te comparto -extraído de algunos artículos relacionados con el Amor en la Nueva Normalidad, así como de prácticas mías y de personas con las que interactúo- propuestas para sublimar los deseos e impulsos que antes era normal satisfacer a través del contacto físico:

Actividades al Aire Libre: si vamos a reunirnos con otras personas busquemos que siempre sea en un espacio abierto donde circule mucho aire, igual vas a necesitar el cubre bocas y la sana distancia, pero al menos ya podrás convivir. Intenta hacer actividades que no conlleven comida o bebida, ya que el quitarte el tapabocas incrementa muchísimo el riesgo de contagio, y si lo haces, asegúrate de que hay mucho espacio entre ustedes y no compartan los alimentos y las bebidas. Escuchen música juntos, léanse mutuamente textos y opinen sobre sus contenidos, hagan manualidades, iluminen mandalas, mediten o simplemente caminen y disfruten de estar juntos.

Grupos (Networking): usar de forma creativa los medios de comunicación virtual con los que contamos hoy es muy importante. Hacer grupos virtuales alrededor de un interés compartido es muy efectivo y gratificante, he visto gente que se reúne con cierta frecuencia para practicar un hobby, hacer ejercicio, lograr una meta laboral o colaborar para un fin comunitario. Tengo amigos que tienen grupos de Zumba, de lectura, de karaoke, de crecimiento espiritual, de compartir recetas de cocina, etc. Lo importante es acordar las reglas bajo las cuales mejor fluyen las interacciones en el grupo y disponerse a pasarla increíble.

Encuentros Virtuales: la mente construye su versión de la realidad a cada instante. Para ella, hay una línea muy delgada entre el principio de realidad y el constructo que ella hace. Por eso, podemos sentir en una película que somos el actor principal y que nos estamos jugando la vida en una realidad que solo está sucediendo en una pantalla. Una de las ventajas de este proceso es que podemos construir todo tipo de escenarios ficticios y fantasías, y así vivirlos como si fueran reales, logrando que nos provoquen emociones intensas y desahogo.

Existen hoy un sinfín de apps de ligue, y todo tipo de sitios de encuentro casual virtual, donde podemos liberar muchos de los impulsos y deseos que antes liberábamos a través de encuentros sexuales ocasionales. Claro está que la tecnología también conlleva sus riesgos y hay que estar seguros de que conocemos bien las políticas de seguridad y confidencialidad de las apps y sitios que usemos.

Sexo Seguro: si las opciones virtuales y la imaginación ya no te alcanzan y quieres un encuentro real te recomiendo evalúes el tener relaciones sexuales con mascarilla. A ese respecto me encontré con el siguiente texto*:

“Sexo con mascarilla”. Puede parecer algo extraño, pero no olvidemos que el COVID19 no es un virus de transmisión sexual. Como la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) explica, “se contagia principalmente de persona a persona a través de las gotículas que salen despedidas de la nariz o la boca de una persona infectada al toser, estornudar o hablar”. Si no tienes garantías de que tu pareja no te va a contagiar, pero no puedes resistir la tentación, ponte la mascarilla. Eso sí, ¡olvídate de los besos!

 *https://centradaenti.es/como-iniciar-una-relacion-sentimental-en-la-nueva-normalidad/

 Autoerotismo: ¿sabías que una de las principales barreras para una vida sexual plena es la falta de autoconocimiento que tienen las personas sobre las zonas erógenas de su cuerpo y sobre su curva del orgasmo? Si no sabemos hacernos el amor, no esperemos que alguien más venga a enseñarnos. Si correrte el riesgo con alguien en el exterior es muy alto, siempre puedes recurrir a satisfacer tus deseos brindándote placer tu mismo. Este puede ser un buen momento de satisfacer nuestros impulsos de una forma curiosa y juguetona, descubriendo territorios y lugares que más adelante podamos compartir con quien así elijamos hacerlo.

Tal vez esta nueva normalidad de convivir con el virus sea una oportunidad para “madurar emocionalmente”, para fomentar conexiones más profundas con los demás y buscar lazos afectivos más allá del sexo. Incluso, desarrollar otro tipo de habilidades para socializar.

Tú ¿qué opinas cómplice de camino?

Un abrazo, como siempre, desde el fondo del estanque de Narciso.

Héctor Cerbón

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