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Evolucionando lo Masculino

Es tiempo para el hombre de 

crecer espiritualmente. 

Como especie no podemos seguir 

por más tiempo en la adolescencia. 

Mathew Fox

La necesidad de evolucionar lo masculino

Así como lo femenino dentro de cada uno de nosotros requiere de empoderarse, lo masculino requiere de evolucionar. El presente artículo se basa en el libro de Carol S Pearson “Perséfone Emerge”, y sus propuestas. Aclaro que no estoy escribiendo sobre características exclusivas de hombres y de mujeres, sino de arquetipos, es decir de lo masculino y lo femenino que existe dentro de todos y cada uno de nosotros. Del ánima y animus al que hace referencia Carl Jung.

En esta ocasión voy a hacer uso del mito de Zeus, compartiendo la perspectiva e interpretación que tiene del mismo Carol S Pearson en su libro, junto con mi propio entendimiento e interpretación y agregando también algunos puntos tomados del libro de Mathew Fox “La Espiritualidad Oculta del Hombre”.

El Mito de Zeus y la Evolución de lo Masculino

PARTE I:

Comencemos por hablar de Zeus. En el panteón de los Dioses, Zeus representa una de sus figuras centrales. El es hijo de los Titanes Rea y Cronos, y al igual que sus hermanos, iba a ser devorado por su padre al nacer. Cronos había escuchado a un oráculo decir que iba a ser destronado por uno de sus hijos, de la misma forma que él lo hizo con su padre Urano tiempo atrás y, eso, lo llenaba de miedo. Así que para evitar que ese destino le alcanzase, engullía a todos los recién nacidos que le daba Rea lo más rápido que podía. Rea estaba harta de presenciar este acto de crueldad y decide alejarse y refugiarse en una cueva en la isla de Creta para dar a luz a Zeus, y cuando Cronos le pide al recién nacido para devorarlo, le ofrece en su lugar una piedra envuelta en pañales. En su prisa por no dar un segundo de vida y aliento al recién nacido engulle la piedra envuelta en pañales y muerde el anzuelo.

Simbólicamente aquello que venimos a manifestar, nuestro ser esencial, nuestra divinidad puede ser engullida, literalmente, por un esquema familiar y social que rechaza y destruye cualquier cosa que sienta le amenace a su poder, le amenace a su estructura de seguridad y control.

Uno de los lados más oscuros de nuestra Animus o lado masculino es su complejo de poder. Un complejo de poder son una serie de comportamientos, conscientes o inconscientes, que están estructurados para garantizar que podamos retener siempre el poder por encima de los demás.

Cronos le teme a cualquiera que pueda superarle en poder -incluso a sus hijos- y, por ende, está dispuesto a destruirles, a engullirles antes de que tengan el más mínimo atisbo de consciencia de quienes son (es muy difícil desempoderar a alguien que ya se conoce y confía en su propio poder). Es muy interesante el ir a nuestra historia y buscar en nuestra propia experiencia con papá, mamá, hermanos, maestros o cualesquiera otras personas a nuestro alrededor, quienes inconscientemente tenían ese complejo de poder y señalar los comportamientos y acciones que desplegaron para intentar retenerlo a cualquier precio y cómo esto nos afectó.

Es muy fácil ver este complejo de poder en figuras públicas ya sea dentro de la política o en organizaciones educativas o sociales. El reto, considero yo, es ver a este tirano dentro de nosotros mismos. Sin importar si somos hombres o mujeres, todos tenemos dentro un tirano que está muerto de miedo de perder el poder o el control sobre de algo o de alguien. Es un pavor a que alguien nos sobrepase y se torne más poderoso que nosotros, ya que entonces pensamos que podría desarrollar la capacidad de destruirnos. Esto incluso puede implicar que sistemáticamente busquemos destruir o desempoderar alguna característica, habilidad o sueño, que siempre ha querido crecer y manifestarse en nuestro mundo, pues de hacerlo, amenazaría a nuestro ego o proyección idealizada de lo que nos hemos comprado que debemos de ser siempre.

La pregunta de reflexión que surge es ¿cómo te tiranizas a ti y a los demás por miedo de perder el poder o el control? Sin localizar a Cronos dentro de cada uno de nosotros, no podremos convocar a Zeus para liberarnos de él, como veremos a continuación en el mito.

PARTE II:

Zeus crece aislado y a escondidas en una cueva en Creta, cuidado y amamantado por Amaltea, una ninfa que se dice se transfiguraba en una cabra, quien le proporcionaba además de su leche, néctar y ambrosía (el alimento de los dioses). En su crecimiento en el destierro, llega a la conclusión de que su padre Cronos debe ser destronado y que él asumirá el trono entre los dioses y reinará de una forma más justa para todos.

Zeus llega a la corte de Cronos disfrazado de copero y le sirve a su padre un brebaje que le obliga a regurgitar a todos y cada uno de sus hermanos, quienes ahora se vuelven aliados con Zeus -en la conocida guerra entre Titanes y Dioses- para derrocar a Cronos. Como en toda batalla, hubo quienes apoyaban el nuevo orden y quienes querían que el viejo orden permaneciera. Finalmente, Zeus y sus aliados logran ganar la batalla y la mayoría de los Titanes junto con Cronos son desterrados al Tártaro. Una vez que Zeus toma el poder, lo reparte entre sus hermanos, dándole a Poseidón los mares y a Hades el inframundo o reino de los muertos y quedándose él con los cielos. Se casa con la Titán Hera para así lograr un matrimonio que une a quienes hasta entonces estaban en disputa: Titanes y Dioses.

Podemos imaginar un Zeus en el destierro creciendo solo, sintiéndose rechazado por su padre y abandonado por su madre. En su crecimiento y despertar, descubre que está llamado para algo más que ser un exiliado y decide reclamar su lugar en el mundo aun en contra de la voluntad de su padre.

Carol S Pearson dice que Zeus representa la parte de nuestro lado masculino que quiere realizar todo su potencial en el mundo, la parte de nosotros dispuesta a reclamar su poder e incluso a compartirlo para el beneficio de algo más grande que sí mismo. Ella hace una asociación directa de Zeus con los arquetipos del Rey y de la Reyna, aclarando que ambos pueden estar presentes tanto en hombres como en mujeres -en diferente proporción- y afirma que son nuestro “Director General”, el que necesita analizar lo que se debe de hacer, el que toma las decisiones y el que finalmente actúa con energía y efectividad en el mundo.

En su lado más luminoso nuestro arquetipo masculino, el Animus, se sabe con derecho a ocupar un lugar especial en el mundo, y no va a conceder o negociar con nadie hasta obtenerlo. Se abrirá paso, aliándose con quien lo necesite, generando estrategias y librando las batallas que sean necesarias para ocupar el lugar que sabe le corresponde, por derecho divino.

Las preguntas de reflexión son ahora: ¿quién está guiando tu lado masculino, cómplice de camino? ¿Te has permitido un tiempo de aislamiento y destierro, de autoconocimiento, donde puedas ir más allá de las historias y expectativas de tu padre, madre, familia y sociedad y saber qué es lo que realmente vienes a manifestar?

El lado masculino debe de ayudarnos a cada uno de nosotros en auto-respetarnos y darnos a respetar con límites claros hacia el exterior, es quien promueve nuestra ambición, nos invita a alcanzar logros, nos empodera a salvaguardar nuestra individualidad, nos invita a ser vistos y a llamar la atención y sabe hacer consensos y acuerdos con los demás para que nos ayuden a conseguir nuestras metas. Es nuestro lado activo, decisivo, auto-referenciado, empoderado y estratégico. Lo importante es saber a quien sirve nuestro lado masculino ¿a la consciencia y el desarrollo de la plenitud de nuestro ser o a la herida primaria y un ego poco sano y lastimado?

Cuando Zeus no tiene consciencia de sí mismo; es decir de su origen divino, nuestro lado masculino es guiado por la herida, por la narrativa negativa que aprendió sobre lo que debía de ser. Desde este lugar peleará por darle el trono a un ego lastimado el cual nunca se siente satisfecho. Carol S Pearson nos dice que cuando por alguna razón en nuestro crecimiento, no tenemos un espejeo por parte del exterior, que nos permita afirmar lo especiales que somos desde nuestra esencia, buscaremos constantemente que nuestro “yo idealizado” sea el centro de atención del exterior. De esta forma queremos validar el lugar en el mundo por el cual hemos luchado. Por eso, muchas personas que lleguen al éxito, al poder y a la fama, se siguen sintiendo vacías o en palabras de Carol: “Han escalado hasta la cima, pero del muro equivocado”.

Todo ese empuje que hemos puesto en lograr ese puesto, ese estatus, ese rol, etc. ¿nos está llevando realmente a la plenitud de nuestro SER, cómplice de camino? No vaya a ser que tengamos recargada la escalera en el muro equivocado. Siempre podemos darnos un tiempo para recalibrar la brújula de nuestro director general.

PARTE III:

El mito continúa: Zeus establece su reinado y deja claro que su palabra no deberá de ser cuestionada, ni su autoridad retada, o quien ose hacerlo obtendrá terribles consecuencias por su atrevimiento. Se da excesivos permisos de serle infiel a Hera su esposa, con lo que desata en ella una enorme cólera, celos y sed de venganza que proyecta sobre las amantes de Zeus y los descendientes que éste tiene fuera del matrimonio.

En el mito de Deméter y Perséfone –que analizamos en el artículo “Empoderando lo Femenino”- cuando Zeus da la mano de Koré (su hija con Deméter) a su hermano Hades, no se toma el más mínimo tiempo de informarle a la madre del acuerdo, pues lo considera políticamente correcto y siente que con eso basta. Es solo cuando Zeus ve que su ilimitado poder no puede forzar a Deméter a mantener la tierra dando frutos, que decide ser más inclusivo y conciliador, enviando entonces a Hermes a negociar con Hades para que le permita a Kore (después Perséfone) salir a ver su madre. Finalmente, los dioses llegan a un acuerdo donde Perséfone permanece determinado tiempo del año con Deméter en la Tierra, y otra parte del año vuelve al lado de Hades en su rol como reina del inframundo. Zeus incluso invita a Deméter y Perséfone a vivir en el monte Olimpo al lado de todos los dioses.

Carol S Pearson propone que la evolución del arquetipo masculino en relación con el poder va desde la autocracia (Cronos devorando a sus hijos) a la meritocracia (Zeus haciendo alianzas y luchando contra Cronos) y se dirige hacia la democracia (Zeus incluyendo a Deméter y Perséfone en el monte Olimpo). Ella afirma que en la actualidad podemos asumir que la mayoría vivimos en la meritocracia, donde idealmente cualquiera puede, por mérito propio, llegar a ser muy poderoso o escalar a la cima de la fama y del éxito. El problema es que la meritocracia es todavía un estado de lo masculino poco evolucionado, porque solo valora en su camino a quienes le sirven de algún modo para llegar a su meta, y no toma en cuenta el impacto que esto tiene en los demás. Zeus se comporta al inicio como un político y líder con un enorme complejo narcisista y es completamente egocéntrico.

He escrito antes acerca del desbalance entre lo masculino y lo femenino, y lo vuelvo a traer a la consciencia desde este ángulo ahora, planteando que -desde la meritocracia- como pensamos, tenemos derecho de ignorar a quienes no nos sirven para nuestros fines, o incluso creemos que está bien pasar por encima de ellos. La gran mayoría de personas sigue pensando que tiene derecho a escalar a lo más alto, respetando y haciendo alianzas con quienes les son de utilidad hacerlo sin tomar en cuenta a los demás, ni siendo responsables del efecto que conlleva su ascenso, en la escalera del éxito. Por eso abusamos de la naturaleza, de nuestro cuerpo, de muchas relaciones interpersonales y nos estamos llevando “justificadamente” hacia un holocausto.

Como siempre la invitación es hacia el interior: desde la meritocracia ¿a quiénes les hemos pasado por encima y a quiénes les hemos dado un lugar privilegiado? Pensémoslo también así: en nuestra carrera hacia el éxito ¿qué partes de nosotros mismos hemos ignorado o incluso lastimado?, ¿cuáles hemos exaltado y sobrevalorado? y, ¿qué consecuencias estamos hoy pagando por ello?

Carol hace una crítica a este esquema de la meritocracia que considero vale la pena compartir, donde:

  • los que nacen en un estrato social y con condiciones que les permiten ejercer una enorme influencia en los demás, se consideran de forma natural con el derecho de usar dichos recursos para su ego sin tomar en cuenta a los demás e ignoran las consecuencias que esto conlleva (90% de la riqueza en el 2% de la población). Nacieron merecedores y no se cuestionan para qué;
  • los que nacen en una clase media están de forma neurótica luchando por subir al siguiente estrato social, y en el camino están dispuestos a sacrificar sus dones y lo que vienen a manifestar al mundo. Ellos están obsesionados por merecer y;
  • los que están en los estratos más bajos se sienten completamente desempoderados, y además viven con la etiqueta por parte de los demás de que están ahí por ser “flojos y poco ambiciosos”. La mayoría piensan que no merecen.

La oportunidad que tenemos frente a nosotros es que, sin importar el estrato social, cultura o religión en la que nacimos, estamos todos llamados a contribuir con nuestra esencia, con lo que vive dentro de nosotros queriéndose brindar generosamente al exterior, y a la que muy pocos volteamos a ver para alimentarla y hacerla crecer. Sin nuestra extraordinaria y única contribución esto no puede funcionar. Si lo podemos visualizar así, también podríamos visualizar la enorme contribución que minerales, plantas y animales, y la misma Gaia (La Madre Tierra) aportan a nuestro bienestar y por ende respetarles y tomarlos en cuenta.

Zeus tiene que evolucionar de ser un macho merecedor de todo y de pensarse por encima de lo femenino a un líder colaborativo que les da lugar a todos los dioses. Un líder que aprende que todos y cada uno, tienen un rol importante que aportar y que no tiene derecho a estar por encima de ninguno de ellos aun siendo quien los lidera.

Necesitamos irnos a una verdadera democracia entre nosotros y también hacia nuestro interior. Urge ese llamado a todos los niveles, pero, qué mejor empezar por uno mismo.

CONCLUSION:

He expuesto hasta ahora dos partes muy importantes de nuestro arquetipo masculino, cuestionando si lo vivimos desde sus luces o desde sus sombras:

  • El Padre/Madre Nutricio vs el Tirano Devorador
  • El Rey/Reyna vs el Narciso Egocéntrico

Necesitamos cuestionarnos seriamente cómo vamos a ayudarle a evolucionar a nuestro lado masculino para que sea capaz de soltar su complejo de poder, evitando así que destruya todo aquello que no puede controlar o lo que le puede rebasar/superar desde su tiranía, y abrir espacio para un padre nutricio, uno capaz de alentar en los demás la capacidad de que lleguen a ser la mejor versión de sí mismos. Seamos más el espejo de los dones especiales del otro y alentémosles a brindarlos al mundo. Empecemos por nosotros mismos, ya que como es adentro es afuera.

Necesitamos salir de la meritocracia y el narcisismo de que tenemos derecho de usar y abusar de recursos y personas con tal de obtener el éxito.

Necesitamos redefinir el éxito en términos de lo individual y lo colectivo, sin que uno excluya al otro.

Necesitamos reyes y reinas generosos, benévolos, auténticos líderes que ven por el bien de su pueblo: ya sea que el pueblo sea tu cuerpo, tus emociones, tu vocación o tu jardín, tu casa, tu familia, tu pareja, la sociedad o el mundo.

Entre más amplio nuestro círculo de intimidad mayor conexión y mejor calidad de vida podremos tener y compartir.

La próxima vez que veas en tus hijos o en tus alumnos o en personas sobre las que tienes una influencia significativa. actitudes machistas, narcisistas, de abuso, de sobre empoderamiento, egocéntricas o tiránicas pregúntate ¿estaré yo inconscientemente alentando la formación de este arquetipo masculino poco sano al no trabajar en sanar al mío?

Recuerda que la palabra instruye, pero el ejemplo arrasa.

Mil gracias y hasta la próxima.

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