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El Poder de lo Femenino

No quiero tenerte 

para completar las partes vacías de mí misma 

quiero estar completa yo sola 

Quiero estar tan completa 

que pudiera iluminar una ciudad entera 

y luego, quiero tenerte, 

porque los dos combinados 

le podríamos prender fuego 

Rupi Kahur 

Carol S Pearson y Perséfone Emerge

La idea de escribir un artículo para hablar acerca del poder de lo femenino surgió a partir de la lectura que hice recientemente del libro de Carol S Pearson “Perséfone Emerge”. Quiero aclarar, que cuando hablo de lo femenino, me refiero a ello en un sentido arquetípico, hablo del lado femenino que poseemos ambos sexos, el cual Jung llamó el Anima. Esta es una invitación a conocer más a fondo nuestra Anima y a cuestionarnos la relación que tenemos con ella y cómo esto afecta nuestra vida, la de nuestras familias, comunidades y el bienestar del planeta entero.

Voy a hacer uso -como suelo hacerlo- de un mito y esta vez usaré el de Deméter y Perséfone, compartiendo la perspectiva e interpretación que tiene del mismo, Carol en su libro, junto con mi propio entendimiento e interpretación.

Deméter

Deméter es una diosa del panteón de los Olimpos, hermana de Zeus, Poseidón, Hera, Hades y Hestia. Deméter era la diosa de la agricultura, la cosecha y la fecundidad, es la madre que prodiga sus cuidados para hacer que las cosas maduren, florezcan y den sus frutos y representa nuestro derecho a la abundancia.

El mito de Deméter y su hija Perséfone, nos traslada a una hermosa tarde donde madre e hija estaban recorriendo los campos de trigo, cuando Kore (ese es el nombre de Perséfone como adolescente), siente una enorme curiosidad por unos narcisos que encuentra en el camino. Deméter no nota en su distracción que Kore se ha quedado atrás, fuera de su vista y protección.

En un abrir y cerrar de ojos, la tierra se abre y, Hades, el señor del inframundo, se lleva a Kore a su reino sin dejar rastro de ella. Cuando Deméter cae en cuenta de que Kore ha desaparecido, comienza una búsqueda desesperada, no descansa y se la pasa día y noche preguntando por el paradero de Kore, decidida a recuperarla al precio que sea.

En medio de su desesperación se topa con la vieja Hécate, la diosa de los cementerios, de la noche, de los caminos abandonados y de la luna, quien se apiada de Deméter al contemplar la incansable búsqueda que hace ésta por recuperar a su hija, y le dice que será mejor preguntarle por Kore a Apolo -su hermano- el dios del Sol, dios de la profecía y la inspiración artística, que desde lo alto todo lo ve con claridad.

Apolo le comenta a Deméter que no tiene por qué preocuparse, pues lo que ha acontecido es que Zeus, el padre de Kore, había dado la mano de su hija a Hades, el dios del inframundo, en un matrimonio arreglado que es de gran provecho para todos los dioses y los mortales. Apolo le enfatizó a Deméter que Kore estaba ahora con Hades y que ella debería de estar agradecida por la elección que Zeus había hecho para su hija.

Deméter montó en cólera, ya que nadie la había consultado, y ante la continua negativa de Zeus de devolverle a Kore, decide abandonar su rol como diosa proveedora de la abundancia y se mezcla entre los mortales, disfrazada como la anciana Doso.

Hasta aquí vemos reflejadas, por un lado, parte de las costumbres antiguas griegas, donde era el padre quien arreglaba el matrimonio de su hija y el cual usaba como criterio razones sociopolíticas y económicas, y que, además, rara vez consultaba a la madre o a la hija para ello. Es así como Apolo ve las cosas y espera que Deméter comprenda que lo acontecido ha sido algo muy bueno para todos.

 Vemos claramente, en la forma de actuar de Zeus y en la validación de su hijo Apolo, una desconexión total del arquetipo masculino (el Animus), de las necesidades y valores del arquetipo femenino (el Anima), como lo son la valoración por los sentimientos, las relaciones interpersonales, los tiempos de una transición, etc.

 Aquí vemos a una Deméter completamente desempoderada, que se siente víctima de lo acontecido y ve como única opción mezclarse entre los mortales incluso renunciando a ser una de las principales diosas del panteón griego. En esta parte de la historia Deméter aún desconoce su propio poder y cómo puede ejercerlo dentro de la historia que vive. Como muchas mujeres, y algunos hombres, al enfrentarse con alguien que posee un desequilibrado e inmaduro poder masculino como el de Zeus, que además es justificado y ensalzado por el contexto histórico/social en el que estas personas crecen y se desenvuelven, eligen reducirse o cuasi desaparecer, dejando de ser vistos y llevando sobre de si una enorme carga de dolor, injusticia y resentimiento.

 En su vagabundear por la tierra, Deméter llega a la corte de Celeo el rey de Eleusis en Ática, quien le pide se vuelva la nana de Demofonte y Triptolemo, sus hijos con la reina Metanira. Deméter asume la tarea con gusto y en agradecimiento decide convertir a Demofonte en un dios, cubriéndolo y ungiéndolo con ambrosía, respirando suavemente sobre él mientras lo sostenía entre sus brazos y su pecho, y haciéndolo inmortal quemándolo sobre carbones al rojo vivo en la chimenea del hogar familiar cada noche; esto a espaldas de sus padres.

Deméter no pudo completar el ritual porque Metanira la sorprendió una noche colocando a su hijo al fuego y chilló asustada, lo que enfureció a Deméter, quien lamentó que los mortales no entendiesen el concepto y el ritual. Deméter entonces se reveló en toda su gloria como la diosa que es ante Celeo y Metanira y exigió se le construyese un templo por haber dudado de sus intenciones. Lejos de castigar a los mortales por sus reacciones llenas de miedo, se comprometió a crear una serie de iniciaciones sobre los misterios de la vida, mismos que fueron conocidas como los misterios Eleusinos.

Mientras todo esto acontecía, Deméter continuaba rechazando, uno tras otro, a los emisarios de Zeus, quienes desesperados le pedían asumiera su rol de diosa y que restableciera las cosechas en el mundo, o los humanos morirían de hambre y terminarían por dejar de rezarle a los dioses, quienes entonces desaparecerían. Ella exige ver a Kore para asegurarse de que se encuentra bien y entonces promete devolver la fertilidad a la tierra. Es interesante notar que ya no pide que regrese Kore con ella para que se restablezca la relación como solían tenerla, pues en el fondo se da cuenta que todo ha cambiado.

Zeus finalmente reconoce que Deméter no cederá, y envía a Hermes, el mensajero de los dioses, para que persuada a Hades de permitirle a Kore reencontrarse con su madre. Hades está de acuerdo con el encuentro y solo le pide a Kore que coma de la granada, el fruto de los muertos, antes de irse. El reencuentro de Deméter con Kore, quien emerge del mundo de los muertos ya no como una adolescente, sino como Perséfone, la diosa reina del Inframundo (esa es otra parte de la historia) está lleno de júbilo, e incluso Hécate, quien desaparece de la historia mientras Deméter se olvida de su divinidad, está en la escena del reencuentro. Zeus invita a las diosas después a vivir en el Olimpo con los demás dioses reconociendo así su poder e importancia.

En esta parte del mito Deméter se da cuenta de que muchas personas en su ignorancia no terminan de comprender el poder que tienen sus rituales (los rituales del arquetipo femenino), lo cual la lleva a revelar toda su gloria, su divinidad, y a recordar lo poderosa que es. Esto nos dice que nuestro lado femenino necesita empoderarse, aun cuando el exterior no le comprenda, y que necesita reclamar tener un templo para sí. ¿Cuántos de nosotros hemos creado ese espacio sagrado para honrar nuestro lado femenino? Esto implica darnos espacios para llevar a cabo rituales, contar con momentos donde sentir y expresar nuestras emociones, prodigarle cuidados a nuestro cuerpo, reconocer y valorar todas aquellas rutinas y estructuras que sustentan nuestra vida, y que, gracias a ellas, tenemos la energía y la vitalidad para luchar y alcanzar nuestras metas y sueños.

Carol S Pearson habla mucho de cómo, histórica y socialmente hablando, tendemos a devaluar nuestro lado femenino y a sobrevalorar nuestro lado masculino: el del análisis, la razón, la conquista, la individualidad y el ego. Incluso llegamos a poner encima o delante de lo femenino, a lo masculino. Como cuando tocamos el famoso burnt out que literalmente significa sentirse “quemados” por dejarnos explotar o incluso auto explotarnos en el trabajo, o cuando no nos damos tiempo para dormir bien, cuando no comemos bien, cuando nos descuidarnos, cuando no hacemos higiene emocional y dejamos deteriorar nuestras relaciones, todo en pro de ser más “exitosos”, ocupar un mejor puesto, obtener más reconocimiento, alcanzar un mejor estatus, etc. Cuando actuamos así, cada uno de nosotros validamos el terrible dicho de “Detrás de un hombre, hay una gran mujer”, por ejemplo.

Puede que tengamos muchas historias donde nos hayamos sentido víctimas de este desbalance entre le femenino y lo masculino en nuestras experiencias con los demás, y si bien hay mucho que educar a nuestro lado masculino (tema del siguiente artículo) y el de los demás, el primer paso para reestablecer el equilibrio es empoderar a nuestro lado femenino.

Cuando Deméter regresa a ser la Diosa que es con toda su gloria, incluso Zeus se da cuenta de que él y todos los dioses, no serían nada si Deméter se niega a hacer florecer la tierra.

 Carol S Pearson habla como, por ejemplo, cuando todas las mujeres de Islandia juntas acordaron no hacer nada en un día, paralizaron al país, y solo accedieron a regresar a sus labores si se modificaban las leyes para que fueran más equitativas entre hombres y mujeres. Hoy Islandia es uno de los países con las leyes más avanzadas en términos de equidad de género a nivel mundial. ¿Así o más poderosas?

Cuando nuestro propio lado femenino, nuestra Anima, esa Deméter interior simplemente no puede más, se disfraza de enfermedad, depresión, fatiga crónica, falta de apetito sexual, etc. Muchas enfermedades no son más que el llamado del cuerpo a restablecer el orden que hemos violentado entre Anima (lo femenino) y Animus (lo masculino). Y, como es adentro es afuera y vivimos en un universo especular, es decir, que lo de afuera solo refleja lo de adentro, si quieres ver cuánto desbalance tienes entre estos dos principios de vida, observa cuánto de este desbalance vives en tus relaciones significativas. Lo que quiero decir es que la calidad de relación que llevamos con lo demás es un espejo de la calidad de relación que tenemos entre estos dos principios femenino y masculino.

Perséfone

Carol S Pearson, al exponer la evolución de Kore a Perséfone en el mito, propone un ángulo que yo nunca había leído y que se me hace muy interesante compartírselos. En muchas interpretaciones del mito se dice que Hades abduce o rapta a Perséfone en contra de su voluntad y hay incluso esculturas y pinturas que ilustran el mito de esta manera haciéndolo ver incluso brutal. Carol en sus investigaciones de las diferentes versiones del mito llega a la conclusión de que en realidad es Perséfone quien se deja llevar por su propio Eros, es decir por la atracción irresistible que siente primero hacia los Narcisos, y después hacia este dios oscuro y misterioso. Por eso cuando sale a reunirse con su madre no lo hace en plan de una víctima que es rescatada de las manos de su victimario, sino como la diosa del inframundo y esposa de Hades.

En esta parte del mito se nos invita a reflexionar sobre otra de las partes del Anima, de nuestro lado femenino, a la que dejamos de escuchar y seguir su guía. Hablamos de ese lado femenino que es capaz de arriesgarse por lo que realmente le atrae, aun sabiendo que toda su vida podría cambiar para siempre. La que nos invita a seguir por un camino que nos produce una enorme curiosidad y nos seduce a pasar más allá del punto de no retorno. Perséfone nos invita, igual que ella lo hizo, a entregarnos en una iniciación donde una parte de nosotros morirá para siempre para darle paso a una versión de nosotros más evolucionada, la cual estaba latente, adormilada como una semilla.

 Es muy interesante ver que, en todos los mitos, son las diosas, la parte femenina, el Anima, la que guía a los héroes y les ayuda a lograr sus grandes conquistas. Cuando perdemos contacto con esta dimensión de lo femenino es generalmente porque la voz del deber ser, de la falsa personalidad, del ego, de nuestro Animus o lado masculino es tan dominante, que no hay forma de escuchar al Anima y mucho menos de seguirla. Por eso Perséfone nos habla muchas veces desde el inframundo, susurrando en el inconsciente, nos habla a través de sueños, de sincronicidades y de deseos, de anhelos que vienen del alma misma, y a veces, cuando está de vuelta en el reino de los vivos, es esa persona que se cruza en el camino, ese libro que llega a nuestras manos, esa invitación que aun siendo riesgosa, sabemos que no debemos rechazar.

El mito nos cuenta que Perséfone después de la confusión de llegar al inframundo, comienza a buscarle un sentido a la experiencia para después poner en claro su postura para con Hades. Ella se compadece profundamente por los recién llegados al reino de los muertos. El Hades no tiene nada que ver con el infierno y Perséfone comprende que ella es quien puede ayudar a las almas a encontrar su lugar en este otro mundo de una forma amorosa y compasiva. Al encontrar su lugar en la nueva realidad que se le presentó por seguir su instinto, su curiosidad y su pasión, evoluciona de Kore a Perséfone.

Carol insiste en que no es engañada por Hades para comer de la fruta de la granada y quedar así ligada a él para siempre, sino que lo hace por propia voluntad. De hecho, del fruto de esa unión nace Dionisio el dios del éxtasis, el loco del Tarot, la capacidad de estar conectado con el instinto y la espiritualidad, la locura que se siente al entrar en trance.

Otra de las extraordinarias dimensiones de lo femenino es su capacidad de profundizar, de encontrar sentido en las situaciones más adversas. Es esa parte que encuentra un nuevo rol, que fluye y se adapta a lo que sigue. Nuestro lado femenino es el que es capaz de soportar situaciones extremas, es el que tiene un enorme umbral de dolor, es increíblemente resistente y maleable.

Quienes tienen esa conexión con este lado de Perséfone salen avante de situaciones extremas sin lamentarse si quiera, son personas que mutan, literal, que sacan estamina de donde no lo hay y que pagan el precio de vivir el rol que les hace sentido acorde con la situación que ahora viven. El regalo de esta parte femenina de Perséfone es el desapego y la capacidad de renacer a una nueva y más evolucionada identidad, una más adecuada al momento presente por el que están pasando.

 ¿Qué tanto nos estamos permitiendo desidentificarnos y desapegarnos de facetas de nuestra vida, que por aferrarnos a ellas, no pasamos a lo siguiente etapa en nuestras vidas? ¿Cuáles son esas semillas de granada que nos hemos rehusado a comer porque nos ligarán a una nueva etapa en nuestras vidas donde tendremos que asumir un nuevo rol?

 Se dice que Perséfone y Deméter juntas desarrollaron e institucionalizaron los rituales de los ritos iniciáticos llamados Eleusinos, y en versiones menos filosóficas y más mundanas, se dice que el mito solamente representa de forma fantástica cómo explicaron los griegos el sucederse de las estaciones, donde los 6 meses del año que Perséfone estaba con Deméter, la tierra estaba en la primavera y el verano, y los 6 meses que regresaba al inframundo al lado de Hades, Deméter dejaba de hacer fértil la tierra y se daban el otoño y el invierno. Como todos los mitos, siempre tienen muchas aristas desde donde los podemos interpretar, a mí me gusta mucho hacerlo desde la psicología profunda, pues así encuentro en ellos toda clase de lecciones morales e incluso, me ayuda a vivir de forma más consciente y congruente.

¿Cómo quieres ayudarle a tu lado femenino a empoderarse, cómplice de camino?

Un abrazo, como siempre, desde el fondo del Estanque de Narciso.

Héctor Cerbón

Mil gracias y hasta la próxima.

 

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